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Umbría

En bicicleta por Umbría

Es un itinerario que sugiere una doble velocidad, la que parte del pueblo etrusco de Murlo y termina en la ciudad de Terni, <strong>tercera etapa de la Tirreno-Adriático</strong>. Ritmos altos en la bici, dado que el recorrido solo es ligeramente ondulado, y relajación después de la ducha. Al fin y al cabo, aquí la palabra clave es <strong>"perderse": en la naturaleza, en las ciudades de arte o entre los menús que celebran los productos de la tierra, como las trufas, los quesos y los embutidos.</strong> ¿Preparado?

1. Inmersión total en la naturaleza

Val d'Orcia

Saliendo del pueblo de Murlo, después de solo 35 kilómetros comienza la subida a Valico La Foce, 551 metros de altitud que hay que conquistar por una carretera de 5,4 kilómetros, con una pendiente media del 4,4 % y un pico del 10 %. Es el Gran Premio de la Montaña de esta ruta, pero básicamente al alcance de todos. En la cima te encuentras en un paraíso encajado entre las colinas de la Val d'Orcia y las Crete Senesi: el lugar perfecto para hacer fotos, especialmente al atardecer. Si se acaba el día en bicicleta, puedes planear una visita a la finca La Foce, una villa con un espléndido ejemplo de jardín a la italiana: terrazas en pendiente, setos, limoneros e hileras de cipreses en un diseño que recuerda las geometrías del Renacimiento. 

2. Orvieto: Arte y Renacimiento

El paso de la Toscana a Umbría, entre los municipios de Chiusi y Po Bandino, es muy fascinante, pero también un poco traicionero: no por los desniveles, sino por las carreteras estrechas, con curvas y contracurvas que requieren manos firmes en el manillar y también prestar más atención de lo normal. En comparación, el camino ascendente desde Fabro hasta el pueblo de Ficulle (a 427 metros de altitud) es como un paseo que luego incluye un descenso hacia Orvieto, encaramado en un acantilado de toba. Desde lejos parece un pueblo de postal y, sin duda, merece la pena visitarlo en profundidad. No te pierdas la Catedral de Santa María Asunta, conocida como el Duomo, y construida entre los siglos XIII y XIV. Es una obra maestra de la arquitectura gótica cuya famosa fachada, rica en mosaicos, agujas, estatuas y esculturas, es obra de 20 artistas diferentes. El interior alberga una joya con la capacidad de encantar hasta a los que no entienden de historia del arte: la Capilla de San Brizio, con frescos renacentistas de Beato Angelico y Luca Signorelli. 

3. En Narni, Entre la historia real y la ficciòn

Dejando atrás la ciudad de Amelia, pasamos hacia la llanura de Narni y, tras unos diez kilómetros, llegamos a la meta en Terni. Los últimos kilómetros transcurren por carreteras largas y rectas aptas para todo el mundo. Pero si no quieres emular a los profesionales, puedes optar por acortar la ruta. El consejo es soltar los pedales en Narni, la ciudadela habitada desde el Neolítico y conquistada por los romanos hacia el 300 a.C. con el nombre de Narnia. Un nombre que inspiró el título de una de las sagas de fantasía más exitosas de la historia: Las Crónicas de Narnia. El autor, Clive Staples Lewis, nunca había pisado estos lugares, pero el sonido de este pequeño pueblo, asociado a un punto en un antiguo mapa de Italia, fue suficiente para hacer que se enamorara. Así que, ya que estás aquí, aprovéchalo. Piérdete por las callejuelas, las plazas, las escaleras y los palacios de este pueblo medieval y, después, desciende a la Narni Sotterranea: una serie de salas (descubiertas apenas en 1979) en las que podrás admirar objetos de las distintas épocas que han dejado huella en este lugar. Fascinantes son los restos de una cisterna romana. Aún más fascinante es la sala donde, en la Edad Media, se celebraban los interrogatorios del Tribunal de la Inquisición.

Editado por la redacción de RCS Sport