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Métete por unas colinas y pueblos pintorescos. Italia posee algunos de los pueblos más bellos del mundo, que te ofrecen una visión de cercanía de la rica historia del país. 

Completa tu lista de deseos con la experiencia auténtica de poder pasearte por las calles medievales de Siena o los característicos lugares de las Cinque Terre. Allí lograrás vivir su esencia.

Caseríos 118 resulatdo de búsqueda
Arte y Cultura

Vernazza

Vernazza, un pequeño pueblo de grandes maravillas Un afloramiento que se extiende hacia el mar, detrás los altos acantilados, las alturas verdes y, justo al lado del pequeño puerto, el conjunto de casas y monumentos del pueblo. Vernazza, uno de los pueblos más auténticos de las Cinque Terre. Pequeñas y coloridas viviendas, embarcaciones amarradas, chumberas y bancales cultivados, basta con levantar la vista para admirar un paisaje encantador. Respira hondo y adéntrate en los senderos de uno de los pueblos más bellos de Italia para darte un chapuzón en el paisaje mediterráneo. Repleto de callecitas y escaleras En Vernazza, todo gira en torno al pequeño puerto y su pequeña plaza, donde los lugareños alquilan pisos a los turistas. Aquí parten los carruggi, las estrechas callecitas de los pueblos de Liguria. Se camina lentamente entre las coloridas casas-torre encaramadas, por los patios, bajo pórticos y logias donde tomar un café es un placer, y a lo largo de la Via Roma, un antiguo canal subterráneo. No te pierdas la iglesia de Santa María de Antioquía, del año 1000 y que los romanos ya utilizaban como puerto estratégico, dedicada a la patrona del pueblo, con sus ventanas geminadas que dan al mar y un estilo románico, barroco y gótico. Y si al lado del puerto hace de mirador el Bastión Belforte, el encargado de dominar desde lo alto el pueblo es el Castillo Doria, situado sobre un vertiginoso acantilado. Desembarca en un restaurante y disfruta de la especialidad local, el Tian di Vernazza: patatas y anchoas en una sartén con aroma de hierbas mediterráneas y ralladura de limón. Tierra y mar en un solo plato. A paso lento para contemplar el paisaje Todas las Cinque Terre, Patrimonio de la Humanidad UNESCO, están dominadas por la roca y el mar, pequeñas bahías y ensenadas, y mucha vegetación. La naturaleza reina y las autoridades del Parque Nacional de Cinque Terre recomiendan moverse con respeto, posiblemente a pie o en tren. Lleva una toalla de playa y extiéndela en los acantilados situados inmediatamente a la derecha del muelle o cerca del puerto. Date un chapuzón, pero luego ponte los zapatos de montaña y camina. Una solución es llegar mediante una espectacular caminata desde Monterosso al Mare o Corniglia, Vernazza está justo entre estos otros dos pueblos de las Cinque Terre. Se encuentra en el famoso Sentiero Azzurro, que en algunos lugares se estrecha al entrar en el bosque, y en otros se abre para ofrecer una vista repentina del mar y de la alta costa, unas vistas impresionantes. Una ruta de senderismo circular asciende hasta el Santuario de Nuestra Señora de Reggio, con su hermosa fachada románica. El patio está rodeado de encinas, cedros y castaños de indias, y el ciprés más antiguo de Liguria, de 800 años, le da sombra. Continúa en dirección a San Bernardino antes de descender de nuevo al pueblo, pasando por campos cultivados y viñedos, muros de piedra seca, fragantes matorrales mediterráneos, arroyos y manantiales. Atraviesa antiguos caminos de herradura envueltos en el silencio y pasa por casas perdidas en la nada. Estás fuera de la civilización, dentro de una naturaleza que regenera el cuerpo y la mente.
Naturaleza

Riomaggiore

Riomaggiore, el pueblo en lo más alto de Cinque Terre Escondida entre dos valles en una posición panorámica, Riomaggiore se extiende desde la costa de Liguria hacia los Apeninos, aferrándose a la cresta. Es el primer pueblo de Cinque Terre, procedente de La Spezia, y ofrece un espléndido paisaje entre tierra y mar: aguas cristalinas y acantilados, casas de colores vivos y caminos que suben hacia las montañas para una inmersión total en la vegetación mediterránea del Parque Nacional Cinque Terre. El centro histórico entre sus callejones Los callejones y las empinadas escaleras serpentean alrededor de las casas con tejados de pizarra y yeso de color pastel, perfilando un pintoresco pueblo en el que se alternan la luz incandescente y los rincones sombríos. El pueblo sigue el curso del arroyo, enterrado al final, mirando hacia mar en el fondo y, luego, subiendo simétricamente a ambos lados de la subida, dibujando una perfecta "V" en el acantilado. En la parte superior se puede admirar la Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XIV, frente a una hermosa plaza y, subiendo más, se llega al Castillo, una fortaleza desde la que se puede disfrutar de una magnífica vista de la costa. Para admirar la puesta de sol, solo tienes que elegir un lugar a lo largo de la pared y esperar a que se abra el telón para ver el espectáculo del sol sumergiéndose en el agua. Si te das un paseo por el casco antiguo, podrás descansar en mesas al aire libre en las que cada restaurante ofrece exquisitos menús de tierra y mar. Lo que no te puedes perder: las famosísimas trofie con pesto y anchoas, generosamente ofrecidas por el mar. A la hora de comprar souvenirs gastronómicos, te aconsejamos ir a por los finos vinos blancos D. O. C. y los tintos I. G. T. de Cinque Terre procedentes de las vides cultivadas en las terrazas, las anchoas en conserva y las aromáticas mermeladas de limón. Vivir el mar La playa de Riomaggiore se encuentra en una pequeña ensenada, únicamente de guijarros y bañada por un mar perfectamente claro. En el pueblo hay una estación de buceo organizado y con licencia: aquí, en la Zona Marina Protegida, el snorkel y el buceo son una auténtica experiencia. Te encontrarás con una sorprendente variedad de peces, desde meros hasta sargos y doradas; más allá, nadan las ballenas. Descubrirás la colorida vegetación del fondo marino, cerca de los arrecifes y, en algunos lugares, verás verdaderos jardines marinos formados por varias especies exuberantes de algas. Para un viaje por mar, tienes la opción de alquilar barcos, incluso para grupos grandes. También canoas y kayaks en solitario. Por tierra Un paseo de menos de una hora lleva al Santuario de la Madonna del Montenero a través de un camino forestal y una secuencia de empinados escalones. Esa es la única manera de llegar, no hay otro camino que pueda ser recorrido en coche. Estás a 350 metros de altura, en un punto en el que la vegetación se torna más espesa y el verde destaca por sobre el azul del cielo en un contraste poético. La vista es algo que no olvidarás. Desde allí se expande toda la zona de las Cinque Terre, incluidas las tres islas de Palmaria, Tino y Tinetto y, en los días claros, la vista llega hasta Córcega. Para los más experimentados, el Santuario de la Madonna del Montenero puede ser la primera parada de una larga caminata panorámica. Solo hay que tomar el Sentiero dell'Infinito desde allí, que en 12 km conecta Riomaggiore con Portovenere. Estás en el Parque Nacional de Cinque Terre y el territorio se presenta en todo su esplendor, con vistas siempre cambiantes. Al caminar por encima del mar, se encuentran antiguas terrazas de cultivo de vides y olivos, agradables huertos y densos bosques: lo mejor del paisaje mediterráneo, honrado por la UNESCO al declararlo Patrimonio de la Humanidad. Más difícil aún es la Escalera de Monesteroli para llegar al pequeño pueblo del mismo nombre, que también se puede admirar desde el mar. Pero son los 1200 escalones los que proporcionan una emoción única. El litoral le sigue en paralelo, en lo que era un antiguo camino de herradura utilizado por los agricultores para llegar a los viñedos. Un ascenso vertiginoso hacia el cielo, respirando el aire perfumado: un ramillete de flores, esencias y salinidad.
Arte y Cultura
Gradara

Gradara

¡De vuelta a la Edad Media! Entrar en el pueblo fortificado dominado por la fortaleza se siente como retroceder en el tiempo. La fortaleza de Gradara y su burgo fortificado son una de las estructuras medievales mejor conservadas de Las Marcas y las dos murallas que protegen la fortaleza, la más externa de las cuales se extiende a lo largo de casi 800 metros, hacen de ella una de las más imponentes. El castillo surge en una colina a 142 metros sobre el nivel del mar y el “mastio”, la torre principal, se erige a 30 metros, dominando todo el valle.La afortunada posición de gradara hace de ella, desde tiempos antiguos, un cruce de caminos, de comercio y de gentes: durante la edad media fue uno de los principales escenarios de luchas entre los ejércitos del Estado Pontificio y los de las turbulentas familias marquesanas y romañolas, mientras que, en nuestros días, gracias a la cercanía del mar, se convierte en una de las principales metas turísticas de Italia: la Riviera Marquesano-Romañola. El “mastio” fue construido en torno al año 1150 por la potente familia de los De Griffo, pero fueron los Malatesta los que edificaron la fortaleza y las dos murallas entre los siglo XIII y XIV dando a Gradara su aspecto actual. Gradara pasará a través de distintas manos, algunas de las cuales de las más importantes familias de la península que se disputarán su posesión: los Borgia, los Della Rovere y los Médici. El óptimo estado de conservación de la fortaleza se debe al ingeniero Umberto Zanvettori que, en torno al 1920, volverá a dar a la fortaleza su antiguo esplendor. Gradara surge en un territorio lleno de olivos, viñedos y con una antigua tradición culinaria. Los típicos mesones y restaurantes de Gradara ofrecen una óptima cocina tanto de Las Marcas como de Emilia Romaña, donde degustar platos de ambas tradiciones gastronómicas. El plato típico de Gradara son los “Tagliolini con la Bomba”, un plato de la tradición campesina con un curioso nombre que deriva de su forma de preparación. Con la iniciativa “El Medievo a la mesa”, Gradara exhibe su vocación histórica, y en particular medieval, a través de una serie de jornadas dedicadas a la cocina medieval, organizadas durante el año, en las que los restaurantes del burgo se transforman en tabernas del siglo XV, todo un viaje al pasado. El evento principal de Gradara es el “Asedio al Castillo”, una evocación histórica del terrible asedio del 1446. Tiene lugar el penúltimo fin de semana de julio y se abre con un gran espectáculo pirotécnico-musical y una representación del asedio con más de cien participantes, con caballos y efectos especiales. Se prosigue con las jornadas medievales dentro del casco histórico. No hay que dejar de ver tampoco "The Dragon Castle", el festival céltico más mágico de Italia dedicado a las fábulas y los sueños para descubrir el encanto de un mundo que vive y se nutre de fantasía. La tradición cuenta que la historia de Paolo y Francesca, los dos amantes que Dante colocará en el círculo de los lujuriosos, tuvo como escenario el Castillo de Gradara. Condenados a la maldición eterna pero también a la eterna celebración, los dos amantes son el símbolo del amor puro e incondicional.
Arte y Cultura

Santa Severa

Castillo de Santa Severa, un rincón de historia junto al mar El castillo de Santa Severa data del siglo XIV, tiene el típico perfil de cuento de hadas de las fortalezas medievales y está situado en la aldea de Santa Severa, que pertenece al municipio de Santa Marinella, a pocos kilómetros al norte de Roma, en el Lacio. El edificio domina el paisaje sobre la playa y el mar. Con un entorno único, en el que se alojaron exploradores, comerciantes y conquistadores, la visita al Castillo de Santa Severa es una experiencia de gran interés. Un rico pasado en uno de los lugares más evocadores del Lacio La primera documentación escrita sobre el castillo de Santa Severa data de 1068, cuando fue donado por el conde Gerardo de Galeria a la abadía de Farfa. En 1130 pasó a ser propiedad del Papa Anacleto II y en 1482 pasó a la Orden del Espíritu Santo. Fue gestionado por esta congregación durante quinientos años, hasta 1980. Debe su nombre a un joven mártir cristiano asesinado bajo el imperio de Diocleciano. La iglesia paleocristiana aún visible en la Plaza della Rocca también está dedicada a Santa Severa y su martirio. La zona que ahora ocupa el castillo tiene una enorme importancia arqueológica: en el siglo VII a.C., aquí se encontraba Pyrgi, un puerto marítimo fundamental de Etruria y la antigua ciudad etrusca de Cerveteri. El Museo del Mar, dedicado a la arqueología subacuática El Castillo de Santa Severa alberga el Museo del Mar y de la Navegación Antigua. La exposición y el itinerario didáctico están totalmente centrados en la arqueología subacuática y la navegación antigua, con interesantes testimonios del puerto etrusco de Pyrgi y de los fondos marinos cercanos. Un breve salto en la Historia No puede faltar una visita al pueblo medieval de Santa Severa, con sus arcos y estrechas calles de piedra que recuerdan las actividades del castillo a lo largo de los siglos. En el piazzale delle Barrozze, en el centro de la localidad, se encuentra una fuente circular a dos niveles, coronada por tres grandes piedras de molino. Dirigiéndonos a la pintoresca Piazza delle due Chiese podemos visitar la Iglesia de Santa Maria Assunta y Santa Severa, así como el Baptisterio dedicado a Santa Severa y Santa Lucía. En el interior de este último, entre los frescos de finales del siglo XV, podemos ver grafitis votivos que representan barcos, obra de los marineros que pasaron por el puerto. Ambiente acogedor y pescado fresco en abundancia En sus tabernas y restaurantes, Santa Severa ofrece un excelente pescado fresco: L'isola del Pescatore es uno de los restaurantes más populares con vistas al castillo, pero hay muchas alternativas, todas ellas basadas en la mejor cocina tradicional mediterránea y en la pesca local. Para saber más castellodisantasevera.it