Con su fachada neoclásica y su pórtico de columnas de travertino, el Teatro Ventidio Basso de Ascoli Piceno es una joya escondida entre las piedras medievales de la ciudad. Se alza frente al Claustro Mayor de San Francisco, del siglo XVI, y su belleza es comparable a la de este. Aquí es donde se construyó entre 1840 y 1846, según el proyecto de Ireneo Aleandri; aquí es donde se inauguró con obras de Vincenzo Bellini y Giuseppe Verdi; y aquí es donde comenzó su larga tradición de éxitos y esplendor, que se prolongó a lo largo de todo el siglo XIX. Sin embargo, el siglo siguiente no fue tan favorable, y el teatro se vio obligado a afrontar periodos de decadencia, cierres forzosos y restauraciones, aún más necesarias por los daños sufridos durante el terremoto de 1971. No fue hasta 1994 cuando el teatro volvió a abrir sus puertas, un acontecimiento muy esperado por los ciudadanos, que asistieron en masa a la representación de «La traviata» de Giuseppe Verdi, puesta en escena para la inauguración: un éxito sin precedentes que marcó el renacimiento del Ventidio Basso, devuelto a los ascolanos en todo su esplendor. Hoy en día, al cruzar su entrada, basta con unos instantes para dejarse cautivar por la belleza intrínseca de este espacio: uno queda fascinado bajo la gran lámpara de cristal que domina la sala, en el centro del techo, decorado con frescos de escenas mitológicas y figuras danzantes que narran historias de dioses y héroes. Además, las ordenadas filas de palcos que se elevan hacia lo alto, adornadas con decoraciones doradas y terciopelos de color rojo rubí, crean en la sala en forma de herradura un ambiente que rezuma elegancia e historia. El programa de espectáculos es muy variado y, tanto si se trata de una gran ópera como de un drama intenso o de una comedia ligera, de un espectáculo de prosa o de danza, el teatro consigue crear un ambiente de intimidad y grandeza a la vez, y transmitir la calidez de las generaciones que, a lo largo de los siglos, se han ido transmitiendo la pasión por la ópera y por el teatro como un valioso legado. Su acústica excepcional permite que las voces de los actores y los cantantes se eleven en el aire con una claridad y una profundidad que parecen amplificar cada emoción, cada susurro, cada nota.