Para su decimotercera edición, el Concerto per Milano de la Filarmónica de La Scala vuelve con una novedad: la Piazza Duomo se transforma en una amplia platea bajo las estrellas con 5000 asientos a disposición del público de forma gratuita previa reserva, y el escenario se traslada frente a la catedral, que se convierte en la sugerente escenografía de la velada. Como es tradición, el director principal Riccardo Chailly dirigirá la Filarmónica. Debuta el pianista japonés Hayato Sumino, también conocido como Cateen, como lo conocen sus 2,2 millones de seguidores en sus redes sociales: con solo treinta años ya es una estrella mundial, además de embajador de un nuevo enfoque de la música.
En el programa, la gran música del siglo XX se convierte en una historia: desde la ópera rusa con el joven Serguéi Rajmáninov de Aleko hasta el musical estadounidense con las danzas sinfónicas de West Side Story de Leonard Bernstein, mundos sonoros lejanos siguen un único arco expresivo. En el centro, el Concierto en fa mayor para piano y orquesta de George Gershwin, una obra maestra que fusiona el lenguaje sinfónico y el jazz, junto a la curiosa música que Dmitri Shostakóvich escribió para la película de animación «La historia del sacerdote y su obrero Balda», basada en un cuento de Pushkin.