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Naturaleza

Lombardia

En el Parque del Ticino, entre arrozales y reservas naturales

Verde hasta donde alcanza la vista, caseríos que salpican los campos y, alrededor, los tradicionales arrozales lombardos.

En este relajante paisaje, típico de la campiña de Pavía, <strong>la naturaleza</strong> es un <strong>potente regenerador para el cuerpo y la mente</strong>, y el espectáculo de la zona, especialmente en la zona de Lomellina, merece por sí solo el viaje. 

1. Oasis naturales y antiguos caminos

Escuchando solo el canto de los pájaros para romper el silencio del tranquilo oasis natural, te encontrarás en los espacios del parque della Valle del Ticino, una zona protegida a pocos pasos de las orillas del río. Continuando el camino, las antiguas torres, castillos, edificios sagrados y algunos animales de paso capturarán tu mirada, en un hábitat natural perfecto para muchas especies. 

2. ¿Has visto alguna vez un arrozal?

El Ticino es una zona de cultivo de arroz, gracias a unas condiciones climáticas especialmente favorables: un ambiente cálido y húmedo es perfecto para obtener un cereal de buena calidad y, además, es importante la gran disponibilidad de agua de regadío en la zona.

Si nunca has visto un arrozal, seguro que te fascinará la forma en la que se procesa y produce el arroz antes de llegar a la mesa. Por otra parte, no es un misterio que haya sido un fuerte elemento de identidad de la zona durante varios siglos.

En la zona de Milán, el cultivo comenzó en 1475 y se dice que fue introducido por Galeazzo Maria Sforza, al principio solo para los parques ducales y después en todas las demás zonas regionales. La agricultura en esta parte de Italia cambió para siempre y la producción se hizo cada vez más importante. 

3. En bicicleta a lo largo del Ticino

El Ticino, que es también el mayor parque fluvial de Europa, no solo se enmarca en un contexto de gran vocación agrícola, sino que es rico de biodiversidad. Si eres un aficionado a las plantas, puedes divertirse adivinando qué variedades se encuentran aquí. Sauces, álamos, castaños e incluso saúcos. La sucesión de campos y pequeños arroyos también ha dado lugar a una alternancia de prados y bosques de robles y alisos. Para descubrir la zona de la mejor manera, lo mejor es que la visites a pie o en bicicleta, olvidando las prisas y los compromisos diarios.

Entre kilómetros de caminos y senderos, te envolverás en el típico paisaje de la llanura padana, formada también por manantiales, fuentes de agua dulce de origen natural que favorecen el cultivo del arroz y dan un espléndido color verde a los prados. Un micromundo relajante que deberías experimentar, una vez más, a ritmo lento. Para entrar en contacto directo con la naturaleza y con nosotros mismos.