Ermita de San Nicolás en Sonnino: un trekking entre agujas de roca y fósiles marinos
Escondido entre los valles de los montes Ausonios, no muy lejos de Sonnino, se encuentra un paisaje rocoso casi lunar. Aquí se alzan las calanche de Sonnino, pináculos de piedra caliza modelados por el tiempo que ocultan los restos de la ermita de San Nicolás en Sonnino. Es un lugar donde convergen la geología y la historia, al que solo se puede llegar a pie a través de un sendero evocador.
Huellas de monjes y fósiles marinos
La ermita se remonta aproximadamente al año 1000. Los monjes la construyeron entre estas agujas. Dependía del monasterio de Santa María delle Canne y, más arriba, de la gran abadía de Fossanova. Hoy en día solo quedan el ábside y algunos muros de carga. No obstante, la verdadera sorpresa reside en la propia roca: si se observa con atención, es posible descubrir las conchas fosilizadas de rudistas, organismos marinos que vivieron aquí hace unos 80 millones de años.
La catedral de piedra
Estas formaciones rocosas, de hasta 10 metros de altura, son el resultado de dos millones de años de erosión kárstica. El agua esculpió la caliza, creando un laberinto de piedra. El lugar es un laboratorio al aire libre; de hecho, el Speleoclub Roma sigue explorando y registrando las cuevas y los sumideros que se abren en el terreno.
Se puede acceder a la zona de la ermita y de las calanche a través de rutas de senderismo. Dado que las condiciones de los senderos pueden variar, es aconsejable planificar la visita con atención. Para obtener información detallada y actualizada sobre las vías de acceso, se recomienda ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Sonnino.