El santuario de San Francisco en Greccio es uno de los santuarios del Valle Santo de Rieti. Llama la atención ya solo por su ubicación: encaramado a la roca y rodeado de un bosque de encinas que domina la cuenca de Rieti. Al conocer su historia, uno queda cautivado por este lugar lleno de misticismo. Desde 1217 fue la morada de san Francisco, quien, durante la Navidad de 1223, representó aquí por primera vez la Natividad, dando origen a la tradición del belén. A continuación, se puede visitar la capilla del Belén, excavada en la roca: detrás del altar conserva un fresco del siglo XV de la escuela de Giotto con la representación de la Natividad, flanqueado por la figura de María Magdalena, patrona de los penitentes, y por la evocación del belén de Greccio. En la pared exterior de la capilla, el fresco del Maestro de Fossa (del siglo XIV) representa a San Juan Bautista y la Natividad.
El encanto continúa en el dormitorio del santo, en la pequeña iglesia del siglo XIII de San Buenaventura, en el oratorio de San Francisco y en la cueva del beato Juan de Parma (h. 1208-1289) quien, acusado de herejía, fue obligado a permanecer allí aislado durante 32 años. Merece la pena dar un paseo también por Greccio, a poca distancia del santuario. Se trata de un agradable pueblo medieval encaramado en las laderas del monte Lacerone, formado por calles estrechas y restos de murallas y torres que defendían el antiguo castro. Es hermosa la colegiata de San Miguel, reconstruida a finales del siglo XVIII; el campanario aislado se construyó en el siglo XVII sobre los restos de una torre medieval.