Situado en la ladera de una colina a unos 660 metros de altitud, en la provincia de Rieti, Cantalice es un entramado de escaleras, callejuelas y casas que trepan por la pendiente, suspendido entre la naturaleza de los montes Reatinos y el azul de los lagos que se extienden a sus pies. Según la tradición, el topónimo derivaría de la contracción de dos términos, uno griego y otro latino, «catà» e «ilex» —es decir, «junto a la encina»—, en referencia a una planta que creció milagrosamente entre las rocas detrás de la iglesia de la Virgen de las Gracias.
Cantalice está profundamente ligada a la figura de san Félix, primer santo de la Orden de los Capuchinos, que nació justo aquí en 1515. A él está dedicada la iglesia principal, situada en lo alto del pueblo y construida en el siglo XVII sobre su casa natal.
Desde la pintoresca placita situada frente a ella se abre una vista encantadora sobre los lagos Lungo y Ripasottile. A san Félix también está dedicado el santuario «San Felice all’Acqua», que se encuentra a las afueras del pueblo, en el punto exacto donde el santo hizo brotar un manantial golpeando el suelo con un bastón, para saciar la sed de campesinos y pastores. En la actualidad, este lugar sigue siendo destino de peregrinaciones, especialmente entre finales de agosto y el segundo domingo de octubre, cuando se celebran los ritos en su honor.
La historia de Cantalice está impregnada de resiliencia, como atestigua su lema «Fortis Cantalica Fides», forjado durante las guerras seculares con Rieti, cuyo fin se celebró con la construcción, en 1572, de la iglesia de la Virgen de la Paz. Sus acontecimientos históricos también se vieron influidos por importantes figuras europeas: en 1539, el emperador Carlos V donó el pueblo a su hija Margarita de Austria, vinculándola así a dinámicas dinásticas de gran alcance. El pueblo ha experimentado importantes transiciones administrativas, pasando del Reino de Nápoles a la provincia de Rieti en 1927, y ha estado marcado por epidemias e incursiones de bandidos.
Hoy en día, el pueblo, atravesado por el Camino de San Francisco (en la etapa Poggio Bustone-Rieti) y por el de San Benito, representa un lugar ideal para quienes buscan una experiencia auténtica, inmersa en la historia y en la belleza natural del Valle Santo. El espíritu de Cantalice se renueva cada año en la fiesta patronal del 18 de mayo, cuando la estatua de san Félix desfila en procesión por las calles del pueblo.
Entre los platos de la cocina local destacan las strengozze, un tipo de pasta (agua y harina) hecha a mano y reconocida como Producto Típico Tradicional del Lacio, aderezada con tomate, ajo y persa, una hierba aromática local.
02014 Cantalice RI, Italia