La muralla poligonal de Cori: 2 km de piedras que desafían los milenios
Bloques de caliza encajados en seco, sin mortero, tan enormes que en la Edad Media se creía que los habían colocado los cíclopes. La muralla poligonal de Cori se extiende unos 2 kilómetros alrededor del pueblo, situado en los montes Lepinos, y abarca casi 22 hectáreas. Es una de las mejor conservadas del Lacio y en la actualidad sigue definiendo la forma de la ciudad.
Tres épocas, tres técnicas
Los tramos más antiguos se remontan a los siglos VI-V a. C., cuando los volscos ocuparon la antigua Cora. Su restauración tuvo lugar a mediados del período republicano, entre los siglos IV y III a. C., con bloques más cuidadosamente trabajados, y de nuevo a finales del siglo II a. C. con la adición de torres semicirculares. Los arqueólogos distinguen las tres fases por el acabado de las rocas: la primera es tosca, la tercera casi perfecta. Al recorrer la muralla se pueden apreciar las tres fases, superpuestas como capas de una historia de dos mil años.
Puertas, torres y terrazas
Tres puertas interrumpían el recorrido: Porta Romana, Porta Signina y Porta Ninfina, la última destruida por los bombardeos de 1944 y reconstruida en 1984. No obstante, la muralla no servía únicamente para defenderse: en una pendiente tan pronunciada, las terrazas de obra poligonal permitieron construir el foro, los templos y las casas. Sin ellas, Cori no existiría.
En la actualidad, un itinerario turístico específico permite explorar el recinto. Los tramos más espectaculares se encuentran cerca de Sant'Oliva y a lo largo de la via delle Colonne.