Archicenobio benedettino (Archicenobio benedictino) de Arpino: ocho siglos de silencio y vida interior
Junto a la Iglesia de San Andrés aún se alza el antiguo Archicenobio Benedictino, único monasterio femenino de las antiguas preposituras que nunca ha interrumpido su vida de clausura. Las primeras referencias ciertas datan de 1249, pero la tradición lo asocia con el siglo VI y con Santa Escolástica, hermana de San Benito. Detrás de sus muros se entrelazan desde hace siglos oración, trabajo y silencio.
La vida monástica
En el pasado, la abadesa, junto con el consilium monialium, dirigía todos los aspectos de la comunidad: administraba las rentas, acogía a las novicias y se ocupaba las relaciones con el exterior. Las monjas vivían de su trabajo y de donaciones, dedicándose sobre todo al arte del bordado. Hoy en día, el antiguo cenobio alberga también la Oasis Benedictina María Santísima, lugar de encuentros, estudios y experiencias de espiritualidad.
El claustro y el crucifijo del siglo XIV
La parte más antigua conserva los almacenes, las cocinas y el refectorio. El claustro, con el pórtico al que dan las estancias de la comunidad, no se puede visitar debido a la clausura. En la Sala de Encuentros se puede admirar el Crucifijo Christus Triumphans, obra del siglo XIV de la escuela toscana y umbra. Durante una restauración, bajo la pintura al óleo del siglo XVI apareció una segunda pintura al temple: el Cristo Triunfante, hierático y rodeado por el nimbo crucífero. Junto a él se conserva el fresco de San Andrés, que originalmente adornaba la luneta sobre el portal de la iglesia.