Desde 1996, la basílica es uno de los ocho monumentos incluidos en el sitio de la UNESCO de Rávena, reconocidos por su inestimable valor histórico y cultural.
Este lugar constituye una fusión perfecta de elementos arquitectónicos y decorativos de tradición occidental y oriental, características distintivas de la arquitectura de Rávena. En su interior conviven mosaicos de la época de los godos y de la época de Justiniano. En las paredes aún resuena la batalla teológica entre el arrianismo y la ortodoxia, que se libró aquí tesela a tesela.
Sencillez y riqueza inestimable
El arrianismo, doctrina considerada herética por la Iglesia ortodoxa, negaba la naturaleza divina de Cristo, aunque lo veneraba como modelo de perfección y guía hacia la salvación eterna. Teodorico, el culto rey de los ostrogodos, hizo erigir la basílica entre el 493 y el 526 d. C. como iglesia palaciega reservada al culto arriano, y la dedicó a Cristo Salvador.
El exterior de la basílica está construido con sencillos ladrillos rojos. La fachada a dos aguas está adornada con una bífora del siglo IX, contemporánea del campanario, y con un nártex revestido de mármol, añadido en el siglo XVI. La planta del edificio es longitudinal y está articulada en tres naves. El interior está caracterizado por doce columnas de preciado mármol griego, con capiteles en forma de lira, importadas directamente de Constantinopla.
Un interior solemne y resplandeciente de oro
Teodorico encargó un ciclo de mosaicos destinado a celebrar su reinado, en los mares y en la tierra, su corte y la figura de Cristo. En el interior de la basílica, nada más entrar, nos reciben las representaciones en mosaico de la ciudad de Classe y del Palacio Imperial, que abraza idealmente los tejados de Rávena. De la misma época son, en la franja superior situada sobre las ventanas a lo largo de la nave, los episodios de la vida pública y privada de Cristo, enmarcados en cuadrados. Después de la caída del reino ostrogodo y la conquista bizantina de Rávena, a partir de mediados del siglo VI d. C., la iglesia se volvió a dedicar a san Martín y se enriqueció con nuevos mosaicos de extraordinaria calidad, que modificaron los anteriores. Entre ellos, la famosa procesión de santos y santas, que también inspiró a Dante Alighieri, nos acompaña hasta el ábside. De hecho, la antigua representación de hombres y mujeres de la corte de Teodorico se transformó en una procesión celestial de beatos y beatas, en un jardín paradisíaco, inmersos en un cielo de mil teselas de oro, resplandecientes y eternas.
Via di Roma, 53, 48020 Rávena RA, Italia