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Arte y Cultura

Cerdeña

Fenicios y cartagineses a la conquista de Cerdeña: un fascinante recorrido arqueológico

La posición estratégica de Cerdeña siempre ha atraído a pueblos de cerca y de lejos. Eso ocurría a los fenicios y los cartagineses.

Hoy, inmerso en paisajes escarpados, el viajero puede descubrir los restos de ciudades y necrópolis fundadas por antiguas civilizaciones: fascinantes yacimientos, colonias fenicio-púnicas concentradas sobre todo en la zona sur de la isla, en un recorrido arqueológico fascinante.

1. En el Monte Sirai, cerca de Carbonia, sobre los restos de hace 2700 años

Para mantener bajo control esta porción del Mediterráneo abierta al comercio, los fenicios fundaron una ciudad en el Monte Sirai, cerca de Carbonia, en el año 750 a.C. Posteriormente fue ocupada por los cartagineses en el año 520 a.C. 

De la colonia fenicio-púnica hoy se pueden admirar los restos de la acrópolis en lo que fueron viviendas, lo que ha sobrevivido de las murallas y el Tofet, como se llamaba la necrópolis de los niños. El horizonte te ofrece un espléndido paisaje marino mientras vas caminando sobre las características piedras rojas de la zona. 

Para los que deseen saber más sobre el yacimiento arqueológico de Monte Sirai, hay dos museos que exponen objetos procedentes de este lugar. 

Parte del Tofet está reconstruido en el Museo de Villa Sulcis, también en Carbonia, donde una instalación multimedia permite vivir y moverse por la antigua ciudad. El Museo Arqueológico de Cagliari, por su parte, alberga la estatua de la diosa fenicia Astarté encontrada en el torreón, que posteriormente se convirtió en un templo.

2. En Sant'Antioco, entre restos fenicios y necrópolis

La primera emoción la recibes al cruzar el puente que conecta la costa del bajo Sulcis con la isla de Sant'Antioco, en el extremo sur de Cerdeña. Puedes disfrutar del espectáculo del mar cristalino, antes de desembarcar en otra ciudad fenicia, aún más antigua que la de Monte Sirai. De hecho, fue en el año 770 a.C. cuando los fenicios se establecieron aquí, fundando Sulki, que más tarde se convertiría en Sulci. Aquí también se encuentra el Tofet, donde se guardaban las urnas funerarias de los niños, y la imponente necrópolis púnica, prueba de la conquista de la ciudad fenicia por los cartagineses en el 520 a.C.

Una sección del Museo Arqueológico Ferruccio Barreca de Sant'Antioco está dedicada a los objetos del yacimiento: utensilios cotidianos, ánforas, joyas y máscaras, así como sofisticadas reconstrucciones digitales.

3. Impresionantes vistas desde el Monte Sant'Antine

También en el sur de Cerdeña, a tan sólo un kilómetro de la ciudad de Genoni, se encuentra uno de los yacimientos fenicios más interesantes de Cerdeña, porque en el se representan bien las distintas civilizaciones que se fueron sucediendo aquí. Se pueden admirar los restos de un asentamiento de la época nurágica, sobre los que se superponen los de un asentamiento púnico. El principal interés reside en la presencia de “nuragas” (torres-fortaleza), que los cartagineses readaptaron y modificaron sin alterar la estructura original. La fortificación, cuyas murallas aún son visibles, domina el Monte Sant'Antine, centinela de la llanura circundante: un espléndido escenario reservado a los visitantes.

4. En Bolotana, un viaje arqueológico al estilo Indiana Jones

Si nos movemos en busca de yacimientos fenicios por el centro de Cerdeña, en el municipio de Bolotana encontraremos los restos de otra fortificación púnica: Mularza Noa, también llamada Pabude. Al igual que el del Monte Sant'Antine, fue construido por los cartagineses hacia el siglo IV a.C. sobre la base de un asentamiento nurágico preexistente. 

Este destino ofrece un fascinante trekking arqueológico y naturalista, ya que además de admirar las ruinas del fuerte, se pueden recorrer los senderos que surcan los bosques de Bolotana, hasta llegar a la cascada de Mularza Noa: un salto vertiginoso desde lo alto de un precipicio de las aguas alimentadas por el Río Biralotta, que atraviesa la meseta de origen volcánico. Alrededor verás rocas cubiertas de musgo y árboles centenarios.