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Los pueblos se visten de alegría

Carnaval de Irpinia: la tradición desfila enmascarada

La fiesta que une a todas las generaciones con bailes propiciatorios y el antiguo arte del teatro callejero

6 minutos

Las fiestas de carnaval en Irpinia van más allá de la simple diversión, ya que representan un verdadero patrimonio cultural y social. 

Son tradiciones arraigadas en antiguos ritos propiciatorios relacionados con la fertilidad, el ciclo de las estaciones y el paso del invierno a la primavera. Son momentos compartidos que involucran a familias, barrios y grupos en la organización de las carrozas alegóricas, en la creación de trajes, coreografías y disfraces, creando un sentimiento de pertenencia y participación.  Cada pueblo expresa su propia historia, sus leyendas y tradiciones; sin embargo, comparten elementos comunes, como los trajes, la música y las coreografías, aunque también hay varios elementos territoriales comunes: los bailes de cortejo, las figuras rituales y un maestro que guía los bailes

El carnaval, por lo tanto, se convierte no solo en una fiesta alegre, sino también en un momento de transmisión intergeneracional de recuerdos, valores y prácticas tradicionales, preservando un vínculo profundo entre la comunidad y el territorio.

Los ritos del carnaval en Avella y Castelvetere

Los ritos del carnaval en Avella y Castelvetere

El carnaval de Avella representa un momento de fuerte identidad cultural, en el que la comunidad renueva antiguos ritos populares que animan las calles del pueblo. Las protagonistas de la fiesta son tres representaciones históricas muy sentidas: «'A Zeza»«I Mesi» e «Il Laccio d'Amore», llevadas a cabo con pasión por el Grupo Folklórico Avellano desde 1950 y, posteriormente, por la Pro Loco.

La «zeza» es una forma de teatro popular cantado, acompañado de instrumentos tradicionales como castañuelas, «triccheballacche» y panderetas. Mediante el uso de la ironía y el disfraz, evoca la famosa historia de Polichinela y su esposa Zeza Viola, involucrando al público en un espectáculo animado y lleno de significado.

La representación de «I Mesi» es una actuación simbólica que celebra el ciclo natural del año, la fertilidad y la alternancia de las estaciones. El rito gira en torno al Majo, un gran árbol transportado desde los bosques de montaña hasta el centro histórico por los Hijos del Majo, entre cantos y músicas tradicionales, hasta la hoguera final que quema las negatividades del año transcurrido.

«Il Laccio d'Amore» es, por último, un antiguo baile propiciatorio vinculado a los temas de la abundancia y el bienestar. En Castelvetere, esta tradición evoca una rivalidad secular entre las comunidades de la Piazza y de la Pianura, hoy transformada en un festivo desfile de carrozas alegóricas, realizadas con gran maestría por los artesanos locales y animadas por música y bailes.

Tradiciones carnavalescas de Cervinara, Petruro di Forino y Montemarano

Tradiciones carnavalescas de Cervinara, Petruro di Forino y Montemarano

Durante el carnaval, Cervinara se convierte en un escenario al aire libre, donde los colores, los sonidos y las tradiciones animan las calles del pueblo. Entre los eventos más esperados destaca la «'ndrezzata», una antigua danza guerrera nacida del recuerdo de una disputa local de finales del siglo XIX, única por el ritmo de los golpes, los movimientos sincronizados y la fuerte tensión escénica.

Junto a ella también reviven la «quadriglia» y, en el corazón de Irpinia, el carnaval de Petruro di Forino, que combina danza, teatro y tradición popular. El martes de Carnaval, el grupo folclórico Ballo o 'Ntreccio, junto con la Mascarata, atraviesa el pueblo visitando a las familias: las puertas se abren, las mesas se llenan de platos caseros y vino local, transformando la hospitalidad en un rito colectivo.

El momento más esperado es «o 'ntreccio», un baile antiguo al ritmo de la tarantela de Martigliano, acompañado de la representación de la «Historia del Carnaval», con Polichinela, la Zitelluccia y duelos cómicos que dan vida a un auténtico teatro callejero.

En Montemarano, el carnaval es un verdadero ritual comunitario que comienza el 17 de enero, día de san Antonio Abad, y culmina en los días canónicos de la fiesta, para concluir con la sugerente Muerte del Carnaval. La protagonista absoluta es la tarantela de Montemarano, bailada en procesión por las Mascarate, guiadas por el Caporabballo, entre música, colores, confeti y dulces. Una tradición de orígenes antiguos, vinculada a ritos precristianos y transmitida de generación en generación.

Rotondi y Teora: entre la «quadriglia», la «zeza» y los «squacqualacchiun»

Rotondi y Teora: entre la «quadriglia», la «zeza» y los «squacqualacchiun»

En el corazón del Sannio de IrpinoRotondi vive el carnaval como un rito colectivo que combina memoria, música y teatro popular. La fiesta forma parte de la identidad local y encuentra su máxima expresión en la «quadriglia» y la «zeza», dos formas artísticas que transforman las calles en un escenario vivo.

La «quadriglia» es una danza coral, elegante y rítmica, dirigida por un líder de grupo que coordina a los bailarines con trajes tradicionales. La «zeza», en cambio, es una representación teatral popular compuesta por recitación, canto, música y sátira. Polichinela, Zeza y Don Nicola animan escenas cómicas y diálogos con rima, relatando vicios, relaciones y la vida cotidiana con una comedia atemporal, involucrando al público en una experiencia participativa.

La tradición, que hunde sus raíces en el siglo XVIII, se transmite de generación en generación: familias, niños y ancianos ensayan juntos textos, pasos y trajes, transformando el carnaval en un verdadero laboratorio cultural generalizado.

En Teora, en cambio, vuelven cada año a las calles del pueblo las máscaras de los «squacqualacchiun», figuras grotescas que recuerdan un pasado campesino y rebelde. Visten sacos de tela, chaquetas desgastadas y capuchas que esconden el rostro, y llevan palos, agujas de pino y grandes cencerros que resuenan entre las callejuelas.

Su primera aparición tiene lugar el 17 de enero, con motivo de la festividad de san Antonio, llamando a las puertas para obtener comida, vino o alguna moneda: quien dona obtiene paz, quien se niega se arriesga a sufrir represalias pequeñas y simbólicas. La danza final de los «squacqualacchiun» anima el centro del pueblo alrededor de la hoguera y la fuente principal, en un rito que combina lo sagrado, lo profano y la magia popular.

Esta máscara nace de una antigua rebelión campesina: durante el Reino de las Dos Sicilias, los jóvenes se disfrazaban para desafiar simbólicamente a los amos y reivindicar su dignidad, transformando el disfraz en un instrumento de protesta e identidad colectiva.

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