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Tradiciones
Desde Cilento hasta el interior de la provincia, divertirse es un arte

Carnavales de Salerno

Donde la tradición, el folclore y la participación se encuentran

8 minutos

El carnaval en la provincia de Salerno es mucho más que una simple fiesta: es un patrimonio cultural vivo, capaz de unir tradición, folclore y participación comunitaria. Desde Agropoli hasta San Mauro Cilento, desde Trentinara hasta Olevano sul Tusciano, estas manifestaciones comparten raíces profundas en la cultura campesina y en los ritos relacionados con el ciclo de la naturaleza. Celebran el paso de las estaciones, el final del invierno y el comienzo de la primavera, simbolizando el renacimiento, la fertilidad y la renovación, para lo que se organizan procesiones y rituales escénicos poblados de máscaras que se han convertido en históricas.

Un elemento común es el papel central de los figurantes, personas que participan activamente en la creación y la representación, transmitiendo técnicas, conocimientos y gestos de generación en generación. La dimensión teatral, con improvisaciones y escenarios recitados en el dialecto local, caracteriza gran parte de los desfiles, creando momentos de comedia, sátira y liberación social.

El carnaval de Agropoli

Carnevale di Agropoli

Las raíces del carnaval de Agropoli se hunden en las tradiciones rurales del Cilento, cuando la marioneta Carnuluvaro se quemaba para simbolizar el final del invierno y el deseo de la fertilidad de los campos. Hoy, ese espíritu de alegría y participación revive en la dimensión comunitaria del evento, que involucra a personas de todas las edades y permite descubrir antiguas costumbres en clave moderna. A partir de 1965, los desfiles adoptaron su forma actual y, desde los años ochenta, el programa se ha enriquecido con actuaciones folclóricas y espectáculos.

En los meses previos a la fiesta, la ciudad cobra vida gracias al incansable trabajo de cientos de voluntarios dedicados al diseño y la construcción de las carrozas alegóricas. Las familias de los constructores de carrozas transmiten técnicas y conocimientos de generación en generación, manteniendo intacta la esencia de esta tradición. En los almacenes se respira un ambiente creativo compuesto de cartón piedra, colores y colaboración, mientras toman forma estructuras imponentes que pueden alcanzar los trece metros de altura. Cuando finalmente llegan los desfiles, el centro de la ciudad se llena de música, trajes y visitantes atraídos por el ambiente festivo.

Desde 2001, el pirata Kajardin se ha convertido en el símbolo oficial del evento, haciéndolo aún más reconocible.

Por su valor cultural y social, el carnaval ha obtenido reconocimientos europeos, lo que confirma su papel como embajador de la cultura del Cilento.

El carnaval de Aquara

Carnevale di Aquara

El carnaval de Aquara es una tradición profundamente arraigada en la comunidad local, con orígenes que se remontan al final de la Segunda Guerra Mundial. Antiguamente, el matrimonio simbólico celebrado durante la fiesta representaba el deseo de abundancia y bienestar para toda la comunidad, mientras que la muerte ritual de Carnaluvaru exorcizaba las incertidumbres y la negatividad.

El evento se inspira en el mundo campesino: las máscaras interpretan los meses del año y las cuatro estaciones, desfilando a lomos de un burro y vistiendo trajes sencillos, vinculados a la vida rural. Este rito recuerda la función propiciatoria del carnaval agrícola, cuando el final del invierno y el comienzo de la primavera anunciaban la fertilidad de los campos.

Un elemento distintivo de la tradición de Aquara es el uso del disfraz para subvertir las jerarquías y los roles sociales, dando voz al pueblo y ridiculizando a las figuras de poder. Esta costumbre se define en el dialecto local con el término «acciaharia» e incluye máscaras como Polichinela, el capitán, el médico y el sacerdote. La población conserva un profundo conocimiento del valor cultural del carnaval, que no se vive solo como una fiesta, sino como un momento de memoria, identidad y transmisión de conocimientos. 

El evento concluye con la entrega de la máscara de oro, un reconocimiento dedicado a quienes contribuyen a lo largo del tiempo a la protección y transmisión de este legado colectivo.

Olevano sul Tusciano: el carnaval de los pobres

El carnaval de los pobres es una manifestación popular que cada año anima las calles de la pedanía de Ariano, en Olevano sul Tusciano, culminando el Martes de Carnaval. La procesión está encabezada por Capodanno, el padre, a caballo, seguido por los hijos a lomos de un burro, que cantan las rimas de los doce meses. Cada mes cobra vida a través de cantos y gestos que cuentan el ciclo de la naturaleza: desde enero, que se protege del frío, hasta diciembre, que anuncia la Navidad, pasando por la floración de abril, la cosecha de junio y los frutos de septiembre. Este rito celebra el paso del tiempo, el ritmo de la vida agrícola y la continuidad entre generaciones.

La procesión involucra a jóvenes, adultos y niños, uniendo a abuelos, hijos y nietos en un vínculo profundo con la memoria histórica y la comunidad. La fiesta culmina en el «Funeral del Carnaval», espectáculo teatral que narra la muerte del Carnaval entre peleas con la Cuaresma, malestares por la abundancia de comida e incluso un intento de suicidio por parte de médicos sabios, hasta la lectura de su testamento.

Los orígenes del evento se remontan al menos a los años 30, la primera documentación fotográfica es de 1942. El carnaval de los pobres sobrevive gracias a la transmisión oral, a los proyectos escolares y a la recopilación de entrevistas y archivos fotográficos y de vídeo, por lo que se ha convertido no solo en una fiesta, sino en una experiencia cultural que combina historia, tradición y participación comunitaria.

'A Maschkarata de San Mauro Cilento

Maskarata di San Mauro

'A Maschkarata es el antiguo carnaval de San Mauro Cilento, que anima el pueblo el Martes de Carnaval y el último domingo de esta fiesta. El evento es una verdadera representación teatral itinerante, inspirada en la comedia del arte y organizada de manera popular, con un director que fija papeles, diálogos y tiempos escénicos transmitidos oralmente. La procesión involucra activamente al público, que forma parte de la escena entre bromas y gran diversión.

Las máscaras principales (Polichinela, las «zite», el Volante y el Turco, el diablo, el cazador, Cannuluvàro y la Cuaresma) animan las plazas y calles de los dos barrios del pueblo, encarnando escenas cómicas y paradójicas. La trama sigue las vicisitudes de Polichinela y sus hijas «zite», amenazadas por el sacerdote y salvadas con la ayuda del Volante y el Turco, mientras que los cazadores eligen a espectadores desprevenidos para bromas y persecuciones simbólicas. Los episodios culminan con la entrada de Cannuluvàro, un muñeco de paja que simboliza el exceso y que se quema al final del desfile, recordando los rituales arcaicos de fin de carnaval.

Las raíces de la «maschkarata» se remontan al siglo XVIII, con influencias de las «Fabulae Atellane», del teatro cómico griego y latino y de las saturnales romanas, mientras que los primeros documentos fotográficos son de los años 70. Los trajes, las máscaras y los materiales se conservan hoy en el Museo Eleousa y en el Museo Vivo de la Maschkarata, que junto con los talleres escolares y la escuela de música popular garantizan la transmisión de la tradición popular del Cilento.

El carnaval de Trentinara

El carnaval de Trentinara es una tradición con un encanto arcaico que hunde sus raíces en los ritos relacionados con el ciclo de la naturaleza. El evento culmina el Martes de Carnaval con un cortejo profano y liberador, poblado por máscaras de sabor antiguo como los novios, la parturienta, los diablos, la muerte, la Cuaresma, el oso y el domador. El recorrido atraviesa la localidad siguiendo al revés los trayectos de las procesiones religiosas, invirtiendo simbólicamente roles y significados. En el pasado, la fiesta comenzaba después del día de san Antonio Abad, cuando adultos y niños, vestidos con harapos y con la cara ennegrecida, iban de casa en casa pidiendo comida y vino, manteniendo vivo el vínculo con la pobreza y la limosna del mundo campesino.

Hoy, aunque en un contexto socioeconómico diferente, el carnaval conserva la fuerza ritual de sus máscaras, que evocan el final del invierno y la llegada de la primavera, la lucha entre la vida y la muerte, entre el orden y el caos. El desfile es una verdadera representación teatral recitada en dialecto local, con papeles asignados por un director, aunque también hay mucho espacio para la improvisación. Junto a las máscaras tradicionales desfila un elenco de figurantes que reinterpretan oficios, episodios de la actualidad y escenas populares con trajes creados con materiales reciclados. El momento más esperado es el juicio y la condena a la hoguera de Vavo, símbolo del invierno y de las desgracias humanas, quemado en la plaza principal entre danzas rituales, saltos acrobáticos de los diablos y persecuciones de Polichinela. Después de una fase de esplendor en los años setenta y ochenta y un periodo de crisis en los noventa, el carnaval ha recuperado una nueva vitalidad desde el año 2000, gracias a la participación espontánea de los jóvenes.

Don Annibale: la farsa carnavalesca de Éboli

Carnevale di Eboli

La farsa del «Don Annibale» es una de las representaciones carnavalescas más antiguas y características de Éboli, una tradición popular que se remonta a principios del siglo XVIII y que, con el tiempo, ha llegado hasta nuestros días, involucrando también a los municipios vecinos.

Puesta en escena en las plazas de la ciudad los domingos previos al carnaval, la representación tiene como protagonistas a seis personajes simbólicos: Don Annibale, Giulietta, Zì Aniello, el doctor, Carolina y Polichinela. En el centro de la narración se desarrolla un entramado de historias de amor entre las máscaras, en particular la de Giulietta y Don Annibale, cuya unión representa el acontecimiento principal de la farsa.

La figura clave es el doctor, llamado a mediar entre los dos jóvenes y Zì Aniello, padre de Giulietta y firmemente contrario a la boda; su papel se complica aún más cuando tiene que enfrentarse a un asunto paralelo: el amor entre Carolina, su criada, y Polichinela, decidido a casarse con ella. Ante la insistencia de ambos, el Doctor no puede más que ceder y dar su consentimiento.

La representación concluye con la invitación, extendida a todos los participantes, para celebrar el matrimonio entre Giulietta y Don Annibale, en un clima de alegría general, acompañado por las notas de una arrolladora tarantela napolitana, un final inolvidable y sugestivo.

Carnuluvaro mio – Cosentini y el carnaval de antaño – La balada de Zeza

 Inmerso en paisajes impresionantes con tonos iridiscentes en cada estación, Cosentini, una pedanía de Montecorice, conserva desde hace décadas una de las tradiciones carnavalescas más sentidas de la zona.

El corazón de las celebraciones es el Martes de Carnaval y se desarrolla en tres momentos principales: la procesión por las calles del pueblo con visita a las casas en busca de albóndigas y vino; la balada de Zeza y la tarantela; la procesión y la hoguera durante la cual se quema a Carnuluvaro, un personaje burlón, símbolo del espíritu carnavalesco y emblema del último impulso de alegría antes de la Cuaresma.

Un evento que anima el pueblo con colores y máscaras de cartón piedra que, entre bromas y bailes, involucran a todos.

El momento central del evento es la balada de Zeza, que tiene como protagonistas a Polichinela, su esposa Zeza, su hija Vincenzella y el pretendiente Zì Ron Nicola, acompañada de un coro y música popular. El cierre de las celebraciones se confía a la tarantela final, bailada con las notas de «Abballate zorie meje» y otros cantos tradicionales; un momento de alegría comunitaria que concluye alrededor de una hoguera propiciatoria.

El paso simbólico del carnaval a la Cuaresma se confía a una muñeca de trapo vestida de negro, llamada precisamente Cuaresma, expuesta entre dos balcones el Miércoles de Ceniza, en neta contraposición con la alegría encarnada por Carnuluvaro.

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