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Naturaleza

Tirol del Sur

Todos los secretos del pueblo hundido de Curon, en el Tirol del Sur

14 julio 2022

2 minutos

Un campanario románico del siglo XIV se alza solitario en medio de un lago azul. Su altura le ha permitido ser el único protagonista de un lugar sumergido y fuera del tiempo, que responde al nombre de Curon. La leyenda dice que aún se pueden oír las campanas, al menos en los días de viento.

1. La magia de Curon, entre la historia y el mito

En Curon, los padres de Theresa Theiner tenían una posada, Traube Post, que acabó inundada por el embalse creado en los años 50 como embalse hidroeléctrico. Theresa cuenta que el perro de la familia, un san bernardo, siguió nadando hasta la zona de la posada durante años, sin que la inundación le frenara. Habían pasado cinco años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, en un rincón entre Suiza, Austria e Italia, la población de todo un municipio fue desalojada y sus casas destruidas. Curon desapareció y todos se convirtieron en emigrantes en su propia tierra. Sin embargo, el campanario medieval nunca se rindió y sigue ahí con su orgulloso aspecto.

El lago de Resia protagoniza una serie original italiana emitida por Netflix. La historia permite al espectador revivir aquellos increíbles momentos.

Hoy Curon tiene solo cuatrocientos habitantes. El paso de Resia es uno de los vínculos más importantes entre el norte y el sur.

2. Curon, un paso atrás

Pocas personas conocen el pasado de Curon. Hace casi un siglo, surgió la idea de unir los dos lagos naturales del norte de Val Venosta en un grande y único lago. En aquellos años, tanto en el Tirol del Sur como en otros lugares, la demanda de energía hidroeléctrica era elevada y no siempre se calculaban las consecuencias de cada elección. En los años 40, se temía que Curon quedase inundado, pero los cálculos aproximados suponían que el lago podía subir solo cinco metros.

Cuando se empezó a construir la presa, comenzaron los problemas y los agricultores protestaron. En 1949, los diques fueron embalsados y las casas situadas en el borde de la presa de elevación fueron demolidas por la empresa Montecatini que realizaba las obras.

Al subir el nivel de las aguas, el pueblo de Curon desapareció ante la mirada impotente de sus habitantes y con una indemnización posterior considerada por muchos como irrisoria. En invierno, el lago de Resia se congela y en verano, con una media de 14 grados, ciertamente no invita a nadar. Por otro lado, es un destino para los mejores kitesurfistas de Europa, debido al viento. 

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