Santuario basílica de Santa Maria della Quercia: arte y fe bajo un techo dorado en Viterbo
A pocos pasos de Viterbo, el santuario basílica de Santa Maria della Quercia es uno de los grandes símbolos del Renacimiento de Viterbo. Su historia comienza en 1467, impulsada por la devoción popular hacia una teja de terracota con la Virgen y el Niño, colgada de una encina para proteger el campo circundante. Un edificio nacido de la fe popular, pero que lleva la firma de algunos de los mejores artistas de la época.
Arte renacentista, por fuera y por dentro
La fachada refleja de inmediato la armonía del edificio, con las famosas lunetas de terracota vidriada de Andrea della Robbia. No obstante, lo verdaderamente sorprendente es el interior. El artesonado, realizado por Giovanni di Pietro según un diseño de Antonio da Sangallo el Joven, es un inmenso tablero de ajedrez dorado. Y tras el altar se descubre el magnífico coro de madera con taracea, una obra maestra de la ebanistería.
El corazón del santuario: la encina y la teja
La atención queda capturada por el pequeño templete de mármol diseñado por Andrea Bregno, una arquitectura dentro de la arquitectura. En su interior protege lo que dio origen a todo: la teja pintada por el maestro Monetto en 1417 y los restos de la encina original de la que estaba colgada. Un detalle que muchos visitantes pasan por alto. La visita se completa con los dos claustros adyacentes, uno tardogótico y el otro plenamente renacentista.
La entrada al santuario es gratuita. Las visitas turísticas se interrumpen durante los oficios religiosos. Para obtener información sobre los horarios y los días de apertura, se recomienda visitar el sitio web de la diócesis.