Basílica de San Francesco en la Rocca de Viterbo: la joya gótica junto al palacio papal
La basílica de San Francisco se alza a los pies de la colina de la Rocca de Viterbo, a pocos pasos del imponente palacio de los Papas. Erigida en 1237 por voluntad del papa Gregorio IX, junto con el convento anexo, es uno de los máximos ejemplos de arquitectura gótica en la Tuscia. Un lugar denso de historia, arte y espiritualidad, desde hace ocho siglos ligado indisolublemente a las vicisitudes de la ciudad y del papado.
Una historia de terremotos y reconstrucciones
El edificio original, de estilo románico, fue consagrado en 1253 por el papa Inocencio IV. No obstante, ya en la segunda mitad del siglo XIII sufrió radicales transformaciones en sentido gótico. El terremoto de 1315 impuso nuevas restauraciones: data de ese período la adición del presbiterio con ábside poligonal. A lo largo de los siglos la basílica ha visto sucederse en sus altares pintores como Cesare Nebbia, autor de la Adoración de los pastores, y Sebastiano del Piombo, que pintó allí una conmovedora Piedad hacia 1516.
Papas, santos y obras de arte
Bajo las bóvedas de crucería de la iglesia descansan dos papas que hicieron historia: Clemente IV, que canonizó aquí a santa Eduvigis en 1268, y Adriano V, que fue sepultado aquí en 1276 tras apenas 38 días de pontificado. Las naves, divididas por macizos pilares cuadrilobulados, acogen ciclos de lienzos con las historias de san Francisco y de san Lorenzo, patrón de Viterbo. En el ábside domina el coro de madera con 80 estalos, obra maestra de talla realizada en 1450 por el Maestro Apollonio.
Un complejo en el corazón de la ciudad
Hoy en día la basílica, con su sencilla fachada románica dominada por el gran ventanal y los contrafuertes laterales, forma parte integrante del centro histórico de Viterbo. El parvis, recogido entre el flanco del palacio de los Papas y los palacios de Via San Lorenzo, es un rincón de paz y recogimiento a dos pasos de las animadas calles del barrio medieval. Una invitación a cruzar el umbral de este tesoro de belleza, para descubrir ocho siglos de arte y de fe.