El convento de los Capuchinos y la iglesia de San Andrés en Collevecchio: cuatro siglos de pobreza y renacimiento
Entre las colinas de la baja Sabina, a medio camino entre Collevecchio y Cicignano, el convento de Sant'Andrea se alza sobre una colina panorámica donde los romanos ya habían construido cisternas para recoger el agua del subsuelo. Sobre esos mismos cimientos, a finales del siglo XVI, los frailes capuchinos levantaron el convento que podemos ver en la actualidad, y su posición equidistante entre los dos pueblos desencadenó durante siglos una disputa sobre quién podía reclamarlo.
Construido con las piedras de tres iglesias
El 24 de mayo de 1597, por orden del cardenal Paleotti, obispo de Sabina, se demolieron tres pequeñas iglesias en ruinas —San Andrés, San Ángel y San Lorenzo— y con ese material, a expensas de la población y con mano de obra voluntaria, comenzó la construcción del convento. La iglesia fue consagrada en 1614 y dedicada a San Andrés apóstol, patrón de Collevecchio. El convento, con sus 17 celdas, seguía la «forma pobre capuchina». Aquí se conservan los restos del padre Benedetto da Aspra Sabina, fallecido en olor de santidad.
Abandono y renacimiento
Los frailes abandonaron el convento en 1964. Durante veinte años fue utilizado como vertedero, con los tejados derrumbándose. En 1989, un grupo de amigos liderado por el teólogo Giuseppe Florio lo adquirió y restauró. Hoy en día es la sede del Progetto Continenti, una asociación de solidaridad internacional, y acoge grupos, escuelas y peregrinos a lo largo de la Via di Francesco (Camino de San Francisco).