Palacio Viscontini: elegancia renacentista y un teatro secreto en Acquapendente
Paseando por Acquapendente, es imposible no reparar en la elegancia del palacio Viscontini, una obra maestra de arquitectura señorial. Encargado en 1581 por Monseñor Antonio Viscontini, fue diseñadoa por el célebre arquitecto de Orvieto Ippolito Scalza, maestro del estilo del Renacimiento tardío.
Una fachada que habla
Su fachada es un relato en tres actos: la planta baja, con su robusto y plástico almohadillado, transmite fuerza y prestigio. A continuación, se asciende al piano nobile, donde las ventanas están adornadas con elegantes frontones, para llegar finalmente a la última planta, más sobria y lineal. Para coronar el conjunto, sobre el portón principal, el escudo de la familia Viscontini firma de forma indeleble la obra.
Como toda gran mansión, el palacio ha vivido muchas vidas. A la muerte de su promotor, pasó a manos de su sobrina Egidia, para ser adquirido después por la familia Benci, que dejó una huella tangible de su paso: una inscripción con el nombre Andreas Bencius, aún visible en la actualidad. Tras los Cerri en el siglo XVIII, el palacio pasó finalmente a ser propiedad de la familia Cordeschi, que en la actualidad sigue custodiándolo con orgullo.
La joya oculta: un anfiteatro en el jardín
La verdadera maravilla del palacio se desvela en su jardín interior. Aquí, en 1871, se construyó un magnífico anfiteatro de madera y mampostería, un homenaje al ciudadano más ilustre de Acquapendente: el médico y anatomista de fama mundial Girolamo Fabrizio. Concebido para acoger a casi 800 espectadores, contaba con siete palcos, incluida una «galería del café». Esta joya oculta convierte al palacio Viscontini no solo en un cofre de historia, sino en un inesperado templo dedicado a la cultura.