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Naturaleza

Visita las cuevas marinas más hermosas del Mediterráneo con tours eco-sostenibles

El 8 de julio se celebra el Día Internacional del Mar Mediterráneo: una oportunidad para sensibilizar a todos sobre la riqueza y la salud del Mare Nostrum.

Cuna de grandes civilizaciones, tesoro de <strong>paisajes naturales</strong> de extraordinaria belleza, representa sólo el 1 % de la superficie acuática del planeta y, sin embargo, contiene el 10 % de las especies conocidas: un incomparable patrimonio de <strong>biodiversidad</strong> que contribuye a hacer de Italia, con sus 8.000 kilómetros de costa bañados por sus aguas, uno de los destinos favoritos del <strong>turismo internacional</strong>.

Un <strong>"capital azul"</strong>, como lo llama la <strong>campaña GenerAzione Mare de WWF</strong>, que pretende proteger el patrimonio del Mediterráneo y las especies que lo habitan, <strong>gravemente amenazadas</strong> por la sobrepesca, el turismo, los microplásticos y el cambio climático.

Con motivo de este aniversario, queremos invitarte a celebrarlo con <strong>conciencia</strong>: rindiendo homenaje a los tesoros más raros y ocultos que guarda el Mare Nostrum: algunas de sus <strong>grutas marinas</strong> más espectaculares, a lo largo de un <strong>recorrido ecológico</strong> que, como toda forma de <strong>turismo sostenible</strong>, protege el delicado equilibrio de estos hábitats excepcionales, respetando al mismo tiempo las comunidades locales, su economía, sus tradiciones y la biodiversidad. ¿Estás preparado?  

1. Puglia, la gruta de la poesía

El viaje comienza en el sur, en Puglia, cuya escarpada costa esconde numerosos tesoros marinos, protegidos por las sombras, como la Gruta della Zinzulusa, en Salento, o las numerosas y espectaculares cuevas marinas del litoral del Gargano.

También en la costa adriática, en Melendugno, entre San Foca y Torre dell'Orso, se encuentra la Gruta della Poesia, una de las piscinas naturales más encantadoras del mundo, una ensenada parcialmente descubierta, tras el derrumbe de la bóveda rocosa debido a los fenómenos kársticos, y conectada a una piscina más pequeña a la que se accede a través de un túnel subterráneo.

Debido a su antigua función como lugar sagrado, la cueva conserva en sus paredes inscripciones en mesapio, griego y latín. Lugar evocador y rodeado de misterio. Según una leyenda debe su nombre a que en sus cristalinas aguas se bañó una princesa tan bella que sus encantos inspiraron versos románticos a poetas y notables locales. Sin embargo, es más probable que el nombre de la gruta derive del griego e indique la potabilidad original de sus aguas (posìa).
Para respetar la naturaleza del lugar, solo pueden realizarse visitas guiadas y reguladas por una asociación cultural local.

Más información: visitmelendugno.com

2. Campania, la Gruta Azul de Capri

Pasando del Adriático al Tirreno, y más concretamente a Campania, una visita, estrictamente con los motores apagados, entre las paredes brillantes y las aguas azul neón de la Grotta Azzurra de Capri es la mejor manera de honrar al Mare Nostrum, el artífice que ha esculpido a lo largo de milenios uno de los espectáculos marinos más asombrosos de nuestro país.

Tanto si se llega desde tierra, al final de un largo tramo de escaleras, como desde el mar, atracando en alta mar, la única forma de entrar es mediante las pequeñas barcas de remo de los pescadores locales, que te introducirán, con acrobática habilidad, por la baja y estrecha entrada de la gruta, haciéndote tumbarte en el fondo de la embarcación. A partir de ahí, la experiencia es un sueño con los ojos abiertos.

Más información: capri.it

3. Lazio, la Grotta del Turco

Siguiendo hacia el norte por el litoral pontino, se llega a Gaeta, a la llamada "montaña partida", uno de los paisajes más pintorescos en esa zona de la costa: tres profundas hendiduras se abren paso junto a un alto espolón rocoso que cae en picado hasta el mar. Dentro de una de ellas, se pueden recorrer los 300 escalones excavados en la montaña, hasta llegar casi a las entrañas azules de la Grotta del Turco.

Llamada así por una huella impresa en una de las paredes, que según el folclore, dejó un marinero sarraceno: incrédulo sobre el origen divino de las grietas, puso su mano derecha sobre ella y la piedra se ablandó bajo su presión.
Probablemente debida a fenómenos kársticos y suavizada por el continuo roce de los fieles que pasan por allí, la huella es una de las muchas sugestiones místicas de este fascinante destino, accesible desde el santuario que se encuentra más arriba, pero por razones de seguridad y protección la visita se limita a la terraza que la domina, unos metros más arriba.

4. Liguria, la Gruta de Byron

Subiendo por la península, de misterio en misterio, desde el mar Tirreno en dirección a la Liguria oriental, en Portovenere, patrimonio de la UNESCO en el paraíso de las Cinque Terre, encontrarás otra maravilla modelada por el Mare Nostrum, la Gruta de Byron: se dice que el poeta británico Lord George Gordon Byron acudió aquí en busca de inspiración y recogimiento.

Este lugar también está vinculado a un episodio legendario: parece que Byron nadó 8 kilómetros desde aquí, para llegar hasta donde se encontraba su amigo y colega Percy Bisshe Shelley en Lerici. La gruta, un paraíso para los buceadores, es una cueva de 20 metros de profundidad enclavada en un acantilado blanco, sobre el que se levantan las murallas del castillo y la iglesia de San Pietro: se puede llegar allí a pie por un camino excavado en la roca.

Más información: parconaturaleportovenere.it/grotta-byron

5. Cerdeña, las cuevas del buey de mar

En la otra orilla, en Cerdeña, cerca de Cala Gonone, en el Golfo de Orosei, se puede descubrir otro lugar muy emblemático para la biodiversidad amenazada del Mediterráneo: las Cuevas del Buey de Mar, una serie de cavidades naturales cuya estructura kárstica se extiende a lo largo de unos 5 kilómetros.

Colonizada hasta los años 80 del siglo pasado por la foca monje, que los sardos llaman buey de mar, para restablecer su hábitat natural y atraer a la especie en peligro de extinción, que daba a luz y destetaba a sus crías en estos lugares protegidos por el mar, se han establecido visitas guiadas con número de personas limitado. Los visitantes tienen que serpentear a lo largo de un recorrido de casi un kilómetro, entre el bosque de estalactitas y estalagmitas que conforman suntuosas arquitecturas naturales, y pinturas rupestres que se remontan al Neolítico y evocan una misteriosa "danza del sol".

Más información: sardegnaturismo.it/es/explora/grutas-del-bue-marino