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Naturaleza

Cerdeña

Cerdeña caribeña: la playa de Las Dunas de Porto Pino

Un desierto de arena finísima, con dunas de talco modeladas por el mistral: una maravilla de la naturaleza reside en la playa de Las Dunas de Porto Pino, en el extremo suroeste de Cerdeña.

18 julio 2022

Una blancura que solo se interrumpe para dar paso a los brillantes tonos azules y turquesa de un mar cristalino y al verde de la vegetación. Prácticamente se trata de un paisaje caribeño.

1. Una visión deslumbrante

Los mares del sur de Cerdeña están entre los más bellos del mundo. Uno de los tramos de costa más espectaculares es la playa de Porto Pino, en el territorio de Sant'Anna Arresi/Teulada, 4 kilómetros divididos en tres partes: la primera de arena gris perla, la segunda completamente blanca, enclavada entre un pinar y los estanques de Maestrale, la tercera tras las ruinas de un embarcadero. Esta última es precisamente Le Dune, también llamada Ias Arenas Blancas, un kilómetro de colinas arenosas que alcanzan los 30 metros de altura, tan suaves como el algodón. Debido a la fuerza de los vientos, están en perpetuo movimiento, presentando un perfil siempre cambiante.

La playa, a la que sólo se puede acceder en verano, es un destino obligado para los amantes del mar. Puedes zambullirte en el agua, caminar, nadar, y dejarte arrullar por la brisa. Observa las hierbas y arbustos mediterráneos que aparecen aquí y allá por la arena: lirios de mar, enebro fenicio, romero silvestre. Son los arbustos, con sus raíces, los que permiten que se acumule la arena. Observa los flamencos rosa, las gaviotas argénteas y las garcetas cuando levantan el vuelo. También puedes buscar conchas escondidas en la arena y admirar los esqueletos de troncos, esculpidos por el clima y la niebla salina.

2. Actividades al aire libre para todos los gustos

El fondo marino es arenoso y se inclina suavemente durante unos diez metros antes de volverse más profundo, lo que lo hace apto para el baño seguro de los niños. El baño es casi obligatorio, pero puedes elegir otras actividades marítimas. Entre ellas se encuentran el snorkel y la pesca submarina.

Algunas zonas de Cerdeña son un paraíso para los surfistas y esta zona tampoco es una excepción. El viento sopla y el mar aporta las corrientes adecuadas. ¡Para los que quieran volar está el kitesurf! No te costará encontrar escuelas y centros especializados donde conseguir instructores y material, y donde podrás alquilar lanchas de goma u otras embarcaciones, o incluso inscribirte en una escuela de vela para realizar una increíble excursión acuática. 

3. El ecosistema perfecto

Mar, dunas, playas y cabos. Y lagunas, estanques, pinares, todo concentrado en unos pocos kilómetros: un paisaje casi intacto, protegido desde hace años.

El pinar que hay detrás de la playa es raro, ya que está formado por pinos de Alepo, una especie que procede de Siria (de ahí su nombre) y otros países de Oriente Medio, el sur de Italia, España y Marruecos. También hay robles y enebros centenarios.

Adéntrate en el paisaje de lagunas del humedal y piérdete por los canales y charcos de agua, dirígete a los estanques de Maestrale y al llamado Ios Brebeis, inmediatamente detrás de la playa de Porto Pino: es lugar de residencia de verano para muchas aves migratorias, desde flamencos rosa hasta martines pescadores

4. El recorrido continúa en los alrededores

Toda la zona del municipio de Teulada te ofrece unas vistas impresionantes. Desde Capo Malfatano hasta Capo Teulada hay 60 kilómetros de costa con variados contornos. Súbete a las alturas para admirar la costa desde lo alto y poder captar toda su riqueza.

Date un paseo al fresco por el bosque de Gutturu, entre encinas y alcornoques centenarios, y sube hasta el monte Ponte Sebera. Desde aquí, la mirada se extiende libremente desde el Golfo de Cagliari hasta la costa suroeste de Cerdeña, e incluso se puede divisar la isla de Sant'Antioco. Por la tarde, es agradable visitar el pueblo de Teulada, ascendiendo por las callejuelas hacia sus plazoletas.

Este es el lugar adecuado para hacer compras, gracias a los numerosos artistas-artesanos que mantienen viva una larga tradición. Ahí encontrarás ropa y alfombras bordadas, pipas de barro, pinturas sobre cerámica representando los increíbles paisajes de la zona. Son curiosas las pinturas que reproducen las antiguas viviendas rurales de los pastores, reproducidas en azulejos antiguos.

Por último, debes hacer una pausa en el restaurante para probar la pasta típica: la frègula, o bolas de sémola, a menudo servidas con salsa de pescado. La cocina sarda mira hacia el mar, pero aún más hacia la tierra, debes probar el cordero o el ragú de jabalí.

Al final de la comida, relájate con una copita de mirto, licor elaborado con esta planta aromática.