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Valle de Aosta: nieve, eno-gastronomía y bienestar

Destino turístico de primer orden para los amantes de los deportes de invierno, el Valle de Aosta encanta a sus huéspedes con la calidez de su acogida y el sabor de la pura tradición alpina

Los numerosos productos agroalimentarios como vinos, embutidos y quesos, con denominación de origen protegida (Dop), controlada (Doc), controlada y garantizada (Docg) describen a la perfección este maravilloso rincón de Italia, en el que ciudades y pueblos están engastadas en las cumbres más altas de la cadena de los Alpes. O los numerosos tratamientos de bienestar que ofrecen los balnearios de altura, donde -entre un descenso en esquí y otro - podrás disfrutar de sesiones de relax en instalaciones en las que la modernidad siempre ha respetado enormemente la tradición. Pero, por supuesto, especialmente en invierno, el Valle de Aosta es sinónimo de deportes y amplia oferta de actividades invernales para experimentar y al alcance de todos. Podrás dar tus primeros pasos en las numerosas escuelas de esquí oficiales en todas las pistas y altitudes. Si, por el contrario, eres un esquiador súper experto, aquí podrás experimentar todas las emociones de esquiar fuera de pista en pistas únicas y vertiginosas no servidas por remontes, con el heliesquí. Un helicóptero te llevará a las cumbres y te seguirá volando en el cielo hasta que regreses al valle. Si deseas planificar una estancia en el Valle de Aosta, aquí te damos algunas recomendaciones entre las infinitas posibilidades de aventura y descubrimiento que puede ofrecer esta región, para vivir experiencias únicas e imprescindibles.

1. Cervinia: esquiar con alas

En las laderas del Monte Cervino, a más de 2.000 metros de altura, se encuentra la elegante estación de esquí Breuil-Cervinia, un lujoso campamento base desde donde subir hasta Plateau Rosà a 3480 metros, donde todo está al límite y donde nuevos, rápidos y cómodos remontes sirven más de 150 km de pistas que se convierten en 350 con la conexión internacional de Zermatt, además de los 12 km de la legendaria pista del Ventina.

Pero uno de los puntos fuertes de Cervinia es el esquí fuera de pista, donde el servicio de heliesquí permite alcanzar cumbres solitarias cubiertas de nieve fresca, donde lanzarse descensos de mucha pendiente, emocionantes y reservados a esquiadores expertos. El servicio de helicóptero también permite realizar vuelos panorámicos, para descubrir vistas inimaginables de paisajes únicos y mágicos; una experiencia al alcance de todos, ya que nadie se quedará en un pico nevado.

2. Saint Vincent: spa a un paso de las pistas

Terme di Saint-Vincent-Valle d'Aosta

El manantial mineral de Saint Vincent, por entonces conocido como Fons Salutis por las propiedades curativas de sus aguas fue descubierto en 1770. El complejo termal, enmarcado por espléndidas cumbres alpinas, consta hoy de piscinas interiores -con temperaturas de agua que varían entre 25 y 34 grados- y exteriores, donde el agua alcanza los 36 grados. Entre tratamientos y experiencias ofrecidas, destacan la sauna finlandesa, suave y mediterránea, baños de vapor, duchas emocionales y cascadas de hielo. Si después de reponer fuerzas con un circuito de spa, quieres poner tu cuerpo a prueba con un par de esquís o una tabla de snowboard en los pies, solo tienes que salir de Saint Vincent y llegar al cercano Col de Joux: aquí, en un auténtico balcón panorámico entre el Valle de Ayas y el valle central, te esperan kilómetros de pistas constantemente nevadas, servidas por un telesilla biplaza, un telesquí y tres cintas transportadoras.

Para los más pequeños destaca el Joux Park Giocaneve, un auténtico parque infantil con diversas atracciones para el disfrute de los niños.

3. Courmayeur: trineo con perros en la nieve

Todo empieza con "bautismo del trineo con perros (Sleddog)", una excursión en un trineo tirado por perros husky durante el cual a cada participante se ofrece la posibilidad de convertirse en protagonista, conduciendo este típico medio de transporte de montaña.
Esta aventura tiene como escenario la naturaleza salvaje que rodea Courmayeur, en un paisaje incontaminado. La longitud y la complejidad del recorrido se eligen en función del número de participantes, su edad y las condiciones meteorológicas. En cualquier caso, la excursión dura entre una hora y media y tres horas.