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Enogastronomía

VALLE D'AOSTA

Sabores de montaña: los productos típicos del Valle de Aosta

Entre los distintos tipos de <strong>viajes</strong>, optar por una ruta que siga <strong>etapas del sentido del gusto</strong> tiene su justificación. Saboreando los <strong>platos típicos</strong> de un territorio consigues de verdad un doble objetivo: satisfacer el paladar y conocer las tradiciones del lugar.

Un <strong>itinerario</strong> enogastronómico en el <strong>Valle de Aosta</strong> es esto y mucho más. Sabores de montaña, valiosas tradiciones, ingredientes muy apreciados: los <strong>productos típicos del Valle de Aosta</strong> merecen el viaje. En la primera cata entenderás por qué.

1. Las altas cumbres de los Alpes: de la leche al queso

Pasea por los valles alpinos, dominados por algunos de los picos más famosos de Europa, atraviesa una naturaleza virgen y degusta sus productos locales tradicionales.

El recorrido de los sabores en el Valle de Aosta comienza con la leche. La calidad y el buen olor son las señas de identidad de la leche del Valle de Aosta, gracias a los pastos de montaña y a la cría en una tierra que alimenta a las vacas exclusivamente con hierba fresca, flores y agua pura.

De un producto tan valioso sólo puede surgir una variedad de quesos de alta calidad. Dos quesos tienen DOP: el suave Fontina, de textura blanda, que se derrite en la boca, y el Fromadzo del Valle de Aosta, cuyo sabor pasa de semidulce a ligeramente salado con un toque de picante, según la maduración. Las condiciones geográficas, climáticas y culturales garantizan el sabor auténtico y original de estos dos manjares.

No se queda atrás la Toma di Gressoney, queso de mesa semiduro con importantes propiedades organolépticas, que procede de los pastos alpinos. Si lo que buscas es una verdadera delicia, no puedes perderte el aroma picante del Salignön, un requesón de textura cremosa y grasa, perfecto como aperitivo. La lista sigue siendo larga, pero concluyamos con el suave Reblec, elaborado con nata fresca a la que se añade leche cruda entera. 

2. Un nicho de la gastronomía: los embutidos del Valle de Aosta

prosciutti val d'Aosta

También merecen probarse los embutidos del Valle de Aosta, otro testimonio de una cultura rural que respeta la tradición y la historia de la región.

Al visitar las localidades turísticas del Valle de Aosta, te encontrarás con la verdadera excelencia, más de 30 Productos Alimenticios Tradicionales (PAT).

Desde el antiguo Boudin, un embutido elaborado con patatas cocidas, manteca de cerdo, sangre de cerdo, sal y especias, hasta el Saouseusse, un embutido seco aromatizado con sal, pimienta, ajo, clavo, canela y nuez moscada, pasando por el Motzetta, hecho de carne oreada, aromatizado con hierbas y especias locales, el Teuteun, una ubre de vaca salada y servida con salsas y mermeladas, y el Jambon Saint-Oyen, un jamón a la parrilla, ¡en verdad no te van a faltar productos para elegir!

Productos de nicho de la más alta calidad, que tienen orígenes antiguos y realzan el territorio en el que se producen.

Si tienes suerte, en las tablas del Valle de Aosta encontrarás el Jambon de Bosses de Vallée d'Aoste, un jamón curado con hierbas de montaña, y el preciado Lard d'Anard de Vallée d'Aoste, de sabor delicado y fragancia picante, ambos marcas DOP. Acompáñalos con pan negro del Valle de Aosta, elaborado principalmente con harina de centeno. Su color oscuro, su miga compacta y su corteza dura y fina, junto con su marcado sabor aromático, con tendencia a la acidez, lo hacen inconfundible.

3. Del dulce a la fruta: una combinación de licores y hierbas

Si bien es cierto que el dulce, según la etiqueta, debe servirse antes que la fruta, no es así en el Valle de Aosta. En la cultura gastronómica local, de hecho, los dos elementos se fusionan. Prueba de ello son las tegole valdostane, llamadas así por su forma, similar a la de las tejas. Este delicioso barquillo, muy fino y perfumado, se elabora con ingredientes sencillos, a base de frutos secos, concretamente almendras y avellanas. Puedes untarlas con miel valdostana, procesada a la antigua, sin ningún tratamiento térmico. Acompáñalo con un buen vaso de grappa, un destilado ideal para la digestión, o con una génépy, un licor elaborado con savia de artemisa.

También están las hierbas medicinales que crecen en las alturas, conocidas por sus propiedades terapéuticas y utilizadas para aromatizar los platos valdostanos.

Las especiales condiciones climáticas y la posición intramontana de la región favorecen una variada fruticultura. Además de los mencionados frutos secos, a los que se añaden castañas y nueces, la fruta más común es la manzana: reineta o golden, que mantienen el aroma y el sabor del microclima alpino. Lo mismo ocurre con el aroma de las peras martin sec, servidas normalmente en almíbar. 

4. Beber en el Valle de Aosta: el rico panorama vinícola

En las impresionantes laderas que caracterizan su paisaje, encontrarás numerosos viñedos, que se remontan a la Edad de Bronce, y que producen una serie de vinos de montaña con denominación de origen DOC. La del Valle de Aosta es una viticultura heroica, que soporta una escasa pluviometría, aireación constante y las importantes variaciones de temperatura entre el día y la noche. Por ello, las uvas maduran rápidamente y desarrollan aromas únicos. Descúbrelo saboreando un delicado Blanc de Morgex et de La Salle, un vino blanco seco con aroma a hierbas de altura, o un aterciopelado Chambave Muscat, un vino tinto moscatel excelente para después de las comidas. Quizás lo encuentres en una de las muchas visitas guiadas a las bodegas.