Museo cívico etrusco romano: el guerrero Avle y los abanicos de bronce en el lago de Bracciano
En la planta baja del palacio municipal de Trevignano Romano, en la Piazza Vittorio Emanuele III, tres salas reúnen los ajuares funerarios de tres tumbas etruscas descubiertas entre 1965 y finales de los años ochenta en las necrópolis de Olivetello y Rigostano. El período documentado va del siglo VIII al VI a. C.: un arco temporal bien preciso, no una panorámica genérica. Y los hallazgos son extraordinarios.
Los flabelos y la tumba Annesi Piacentini
De la tumba de los Flabelos provienen los abanicos de bronce que dan nombre al museo: láminas finísimas, de apenas unas décimas de milímetro, trabajadas en repujado con una técnica que todavía hoy asombra a los estudiosos. De la misma tumba forman parte los restos de un carro y un carruaje con buje, ruedas y ganchos de bronce. De la tumba Annesi Piacentini —tumba con dromos y dos cámaras funerarias— poceden joyas de oro con escarabeos de ágata, cuentas de ámbar báltico, fragmentos de tejidos mineralizados adheridos a los bronces y ralladores de queso usados para dar sabor al vino.
El guerrero Avle
La sala más sorprendente custodia la tumba del Guerrero, del siglo VIII a. C.: el cuerpo yace en un bloque de tierra, aún parcialmente excavado, con un ajuar compuesto por un puñal, un escudo, fíbulas, una navaja de afeitar y lo que parece un cetro (probablemente un bastón de mando). Lo llaman afectuosamente Avle. El museo organiza talleres de arqueología experimental abiertos a familias y adultos.