Iglesia de San Francisco en Acquapendente: una historia franciscana y los secretos de su claustro
En el corazón de Acquapendente, a lo largo de la Via Francigena, se encuentra la iglesia de San Francisco. Nacida como iglesia parroquial de Santa María y consagrada en 1149, se convirtió en un punto de referencia franciscano a partir de 1253. Su sencilla fachada esconde un claustro franciscano de finales del siglo XVI, cuyas lunetas con frescos cuentan historias inesperadas, algunas pintadas por el artista local Francesco Nasini.
La fachada, entre lo antiguo y lo moderno
La entrada es un portal de piedra blanca y rosa, con un arco trilobulado que cobija un fresco de la Asunción. Más arriba, se observa un detalle que llama la atención: un rosetón de hormigón armado, añadido en el siglo XX. A su lado se alza el campanario renacentista, construido en 1506.
El ciclo de frescos de Nasini
Sin embargo, la verdadera sorpresa se encuentra en el claustro. Sus paredes narran la vida de san Francisco en un ciclo de frescos realizados alrededor de 1645. Muchos de ellos son obra de Francesco Nasini, pintor del siglo XVII. Su trabajo aquí se inspiró en un voto que la ciudad hizo a san Antonio de Padua en agradecimiento por haber escapado de la peste de 1631.
Hoy en día, parte del antiguo convento alberga la pinacoteca del museo de la ciudad. Para obtener información sobre los horarios de visita de la iglesia y el museo, siempre es recomendable consultar con las oficinas de turismo locales o en las páginas web oficiales del ayuntamiento y la diócesis, ya que pueden estar sujetos a cambios.