El Museo Arzobispal de Rávena conserva un patrimonio histórico y artístico de extraordinario valor. Entre las obras más famosas destaca la Cátedra de Maximiano, el único trono de marfil tallado del siglo VI, un extraordinario ejemplo de arte bizantino. El museo está estrechamente ligado a la memoria de la desaparecida basílica Ursiana, demolida en el siglo XVIII para dar cabida a la actual catedral. Junto a estos tesoros se encuentra la maravillosa capilla arzobispal, o capilla de San Andrés, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
El nacimiento del Museo y su colección
Fundado en 1700 por voluntad del arzobispo Maffeo Niccolò Farsetti, el Museo Arzobispal se encuentra junto a la catedral y al baptisterio neoniano. En su interior se conservan obras de valor incalculable, como pinturas, esculturas, vestimentas sagradas y fragmentos de mosaicos.
Los mosaicos de la desaparecida basílica Ursiana
Entre los hallazgos más fascinantes del museo se encuentran fragmentos de mosaicos que en su día decoraban el ábside de la basílica Ursiana. Realizados en 1112 por maestros venecianos durante el episcopado del arzobispo Jeremías, estos mosaicos tenían como objetivo celebrar la independencia de la Iglesia de Rávena. El arte musivo, con sus sugerentes escenas, formaba parte de un proyecto iconográfico más amplio vinculado a la tradición de la ciudad, cuya historia religiosa se remonta al primer obispo de Rávena, san Apolinar.