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Enogastronomía

Emilia Romana

La piadina, la reina de Romaña

04 julio 2022

Romaña no es solo playas, diversión y hospitalidad, sino también buena comida. El símbolo indiscutible de esta zona de la costa adriática es la piadina, una obra maestra con gusto y sencillez.

La especialidad gastronómica local, que aquí llaman piada y que se come a todas horas, no debería faltar en la lista del perfecto viajero de la zona.

2. De Virgilio a Pascoli, la piada en la literatura

La primera prueba de su existencia está en el séptimo canto de La Eneida de Virgilio, cuando el poeta habla de "exiguam orbem", un disco delgado que se dividía en varias partes al cocerse.

Giovanni Pascoli solía llamar a la piada "el plato nacional de la gente de Romaña". Incluido él, claro, un verdadero romañolo que también le dedicó un poema titulado La Piada. "El pan de la pobreza", lo llama el poeta, pero también "el pan de paso", porque era lo que acompañaba a los campesinos en el campo.

Sin embargo, es mucho más difícil rastrear la etimología del nombre: según algunos, "piadina" deriva del griego "platokis" o pan plano, mientras que para otros viene del romañolo "piàdena", como las tablas de madera donde colocar productos horneados. 

3. Si eres un gourmet, tu destino son los quioscos

A pesar de sus antiguos orígenes, no fue hasta los años 70 que la piadina comenzó a producirse a mano, gracias al nacimiento de los primeros quioscos. Tanto en la costa romañola como en el interior, es imposible no reconocerlos: los más característicos parecen pequeñas casas pintadas con rayas verticales, mayormente rojas y blancas o blancas y verdes, como cabañas de playa.

4. Cervia fue la pionera

Las primeras nacieron en Cervia: hasta entonces, la piada se comía en trattorias o en casa, cocinada por las "azdore" o amas de casa. Actualmente, los quioscos son verdaderas instituciones, negocios transmitidos de padres a hijos.

Debido al creciente interés por salvaguardar los territorios y sus especialidades gastronómicas, la piadina se convirtió en un producto con Indicación Geográfica Protegida (I. G. P.) de la Unión Europea en 2014. 

5. Mil y una piadas

Aunque muchas cosas han cambiado desde sus orígenes, la piada de hoy tiene la masa de siempre. También los métodos de cocción siguen la tradición: se cocina en una sartén o en una plancha de cerámica.
Lo único que realmente divide a los habitantes de Romaña es el grosor de su plato más típico. En Rimini y Riccione, la piada no debe superar los dos o tres milímetros, mientras que en Forlì y Ravenna varía de cuatro a ocho.
¿Quién tendrá razón? Solo tienes que probarlas todas, quizás en uno de los muchos festivales y ferias de la piadina que animan la Riviera en verano.

Sea cual sea su grosor, puede comerse caliente o fría, en una de sus innumerables variantes.
Jamón y queso squacquerone es la clásica piadina romañola, pero también se puede disfrutar con verduras cocidas, como berros, achicoria, diente de león y acelgas, o crudas, como lechuga, rúcula y tomates frescos.
El relleno también se puede gratinar si tiene cebollas, calabacines y pimientos. Y cuando se trata de combinar con embutidos y quesos, hay mucho donde elegir.

Imprescindible, por supuesto, una copa de buen vino. El Sangiovese, vino tinto insignia del territorio, es el acompañante perfecto de cualquier piada.