Resumen
Frente a Cala Moresca emerge la pequeña y fascinante isla de Figarolo, una meseta calcárea con una curiosa forma piramidal que debe su nombre a las frondosas higueras que antiguamente crecían allí en abundancia. A pesar de sus reducidas dimensiones, Figarolo alberga un entorno salvaje y sorprendentemente rico en biodiversidad.
En sus laderas se mueven libremente los muflones, llegados a la isla hace muchas décadas y hoy parte integrante del ecosistema. Los acantilados y los relieves calcáreos son un punto de observación privilegiado para aves rapaces como los ratoneros, los cormoranes y, en ocasiones, el majestuoso halcón peregrino. También se ha registrado la presencia del cuervo imperial, que utiliza la isla como zona de tránsito. La vegetación está compuesta por encinas, lentiscos y acebuches centenarios, que resisten al viento y modelan el paisaje con formas espectaculares.
Bajo la superficie del mar se abre un mundo igualmente sugerente: las aguas que rodean Figarolo son un paraíso para buceadores y aficionados al esnórquel. Los bajos y las pequeñas cuevas sumergidas albergan corales negros, gorgonias, esponjas, así como meros, langostas, erizos, corvinas y una multitud de especies mediterráneas. No lejos de la costa yace también el pecio de un mercante hundido a mediados del siglo XX, hoy un punto de inmersión muy apreciado por la fauna que se refugia en él.
Aislada, casi intacta y completamente envuelta en el silencio, Figarolo representa una de las perlas naturalísticas más auténticas del norte de Cerdeña, ideal para quienes buscan un contacto directo con una naturaleza todavía primigenia.
07020 Golfo Aranci SS, Italia