La tumba de los Patos en Veyes: el friso más antiguo de la pintura etrusca
La tumba de los Patos se encuentra en la necrópolis de Riserva del Bagno, justo a las afueras de la antigua Veyes. Se remonta al segundo cuarto del siglo VII a. C., en el período orientalizante, y constituye uno de los ejemplos más antiguos de pintura funeraria en territorio etrusco, superado únicamente por la tumba de los Leones Rugientes, descubierta también en Veyes en 2006. Se trata de una pequeña cámara excavada en la toba, con un techo a cuatro aguas pintado en amarillo y rojo, y un banco lateral para el difunto. Y en la pared del fondo, cinco patos en fila.
El friso y su significado
Los colores se aplican directamente sobre la roca pulida, sin enlucido: rojo, amarillo, negro, blanco. Los patos, con sus picos curvos, patas estilizadas, colas apuntando hacia arriba, caminan todos en la misma dirección, hacia la izquierda, es decir, hacia el lugar donde yace el difunto. El estilo evoca la cerámica geométrica italiana de la época, en particular la de Cerveteri, conocida como «de las garzas». Pero la elección no es meramente decorativa: las aves acuáticas, criaturas fronterizas entre el agua y la tierra, simbolizan el tránsito entre la vida y el más allá, psicopompos del alma en su viaje final.
Solo dos tumbas pintadas en Veyes
Veyes solo ha conservado dos hipogeos pintados de una época tan remota: la tumba de los Patos y la tumba Campana, que data aproximadamente del año 600 a. C. y que hoy solo se puede contemplar a través de reproducciones del siglo XIX. Ambas marcan hitos fundamentales de la megalografía funeraria etrusca. Las tumbas pintadas de Tarquinia, las más famosas, no aparecerán hasta finales del siglo VII.