La muralla Serviana de Roma: el recinto de toba que defendía la ciudad
La muralla Serviana debe su nombre a Servio Tulio, sexto rey de Roma, pero los restos que se ven en la actualidad datan de mediados del siglo IV a.C. Fue reconstruida tras la invasión gala del año 390 a.C., cuando las antiguas defensas se habían mostrado insuficientes. Once kilómetros de toba, doce puertas, un muro de diez metros de altura.
Cómo estaba construida
La toba procedía de las canteras de Grotta Oscura, conquistadas junto con Veyes en el año 396 a.C. Los bloques formaban una muralla de cuatro metros de grosor y diez de altura. A lo largo de algunos tramos discurría un foso y, en la parte septentrional —el punto débil de la ciudad—, había también un agger, una rampa de tierra adosada al muro por el interior: servía para reforzar el recinto y ofrecer a los defensores una plataforma elevada desde la que rechazar los asaltos. Y sí, también había catapultas.
Dónde verla hoy
El tramo más imponente es el de la piazza dei Cinquecento, justo a la salida de la estación Termini: justo allí discurría la sección más fortificada. También se pueden admirar otros restos del agger en el acuario municipal de la piazza Manfredo Fanti. Una sección destacable se conserva en el Aventino, con un arco para catapulta de la época tardorrepublicana. También se encuentran fragmentos en el auditorio de Mecenas, en largo Magnanapoli, en el palacio Antonelli (donde también hay un arco para catapulta), en via Salandra y en via Carducci.
De las doce puertas originales quedan dos: la Porta Esquilina (hoy arco de Galieno) y la Porta Caelimontana (hoy arco de Dolabela y Silano).