La iglesia de San Valentín en el Villaggio Olimpico: ruinas contemporáneas en el barrio de los Juegos
En el corazón del Villaggio Olimpico (villa olímpica), el barrio construido para albergar a los atletas de los Juegos Olímpicos de Roma de 1960, se alza la iglesia de San Valentín, diseñada por el arquitecto Francesco Berarducci y consagrada en 1986. No estaba prevista en el plan original: los residentes quisieron trasladarla de la parcela central, y las obras no comenzaron hasta 1983. El nombre evoca las catacumbas de San Valentín, cercanas al lugar.
Un edificio semejante a una excavación arqueológica
Berarducci construyó la iglesia como si se tratara de una ruina devuelta a la vida. La planta se basa en un módulo cúbico de 2,20 metros de lado: los muros varían en altura y dan la sensación de un espacio abierto, casi inacabado. La estructura portante es de ladrillo visto —interior y exterior— alternado con franjas y bloques de travertino. La cubierta de acero y vidrio se superpone a los muros como un injerto moderno sobre muros antiguos.
Materiales humildes, luz controlada
El suelo, de losas de peperino y travertino, atraviesa el parvis y llega hasta el altar: una franja procesional que acompaña a los visitantes. En la entrada, la silueta de uno de los ángeles del puente Sant'Angelo introduce el diálogo entre la antigüedad y la modernidad. En el interior de la nave, una paloma blanca suspendida sobre una esfera dorada y pinturas que reproducen fragmentos de los frescos de Cavallini arraigan la iglesia en una tradición que se remonta a siglos atrás.