Iglesia de Santa Liberata en Ciciliano: los frescos disputados y un inesperado rincón del Líbano
En Ciciliano, sobre una colina con vistas al valle, se encuentra la iglesia de Santa Liberata. Su fama está ligada a un ciclo de frescos del siglo XVI cuya atribución sigue siendo debatida, un auténtico rompecabezas para los historiadores del arte. No obstante, su singularidad va más allá: la iglesia narra también una historia inesperada que la conecta directamente con el Líbano, un detalle que la hace única en sus alrededores.
Un misterio renacentista
Al entrar, la mirada queda atrapada por los frescos que decoran el área del altar, que antaño constituía una capilla entera. Encargados por la familia Colonna, su autoría sigue siendo un enigma. Las hipótesis de los estudiosos apuntan a la escuela de Antoniazzo Romano, al Maestro de Tívoli e incluso a un joven Cola dell'Amatrice. Un debate todavía vivo que añade un cierto encanto a la visita.
Del altar a los cedros del Líbano
El edificio actual nació de una ampliación de finales del siglo XVII. Sobre el altar destaca un valioso frontal de mármol del siglo XVIII que representa el Martirio de San Lorenzo. El verdadero punto de inflexión, sin embargo, se produjo en 1884 con la cesión del uso a los Padres Maronitas. Fueron ellos quienes, en la década de 1930, plantaron en el jardín los majestuosos cedros del Líbano que aún hoy lo caracterizan.
La iglesia está adosada a un convento y no tiene horarios de apertura fijos. Para obtener información sobre las posibilidades de visita, se recomienda ponerse en contacto con la Pro Loco (oficina de turismo local) de Ciciliano o el ayuntamiento.