Francavilla Angitola
Nos encontramos en la provincia de Vibo Valentia, un rincón virgen junto al oasis natural del WWF Lago Angitola, donde los flamencos reposan sin ser molestados.
Francavilla Angitola, a un paso de Pizzo y de la Costa degli Dei, produce unas uvas blancas muy singulares con una historia milenaria. Hay una empresa local que ha recuperado esta vocación natural del territorio y la ha convertido en una excelencia, hasta tal punto que el zibibbo producido ha sido incluido por la revista inglesa Decanter entre los 20 mejores vinos blancos de Italia.
Ricadi
Nos quedamos en la Costa degli Dei y llegamos a Brivadi, una pequeña aldea de Ricadi a 130 metros sobre el nivel del mar. La vista del promontorio de Capo Vaticano es espectacular.
Aquí, una bodega local cultiva, entre otras variedades autóctonas, el zibibbo en cinco versiones: tranquilo, macerado, ancestral, método clásico y oxidativo. Producidos con la misma uva, pero con resultados extremadamente diferentes.
Filadelfia
Sin alejarnos del lago Angitola y del virgen oasis del WWF, en Filadelfia, hay otra bodega que elabora su zibibbo poniendo en valor esta extraordinaria variedad.
Drapia
En el interior de Tropea, en la aldea de Brattirò, en el pequeño municipio de Drapia, verás extensiones de campos cultivados y viñedos con vistas a Capo Vaticano y Tropea. Una vocación agrícola antiquísima que se remonta a los griegos, que construyeron zanjas para permitir que el agua de lluvia fluyera hacia el mar en lugar de hacia el centro urbano.
Aquí se encuentra una bodega que elabora un zibibbo excelente y ofrece a los visitantes un viaje sensorial por sus viñedos.
Bagnara Calabra
Bajando un poco más llegamos a la Costa Viola, al norte de Regio de Calabria. Un territorio que se asoma al mar Tirreno y al estrecho de Mesina. Quedarás deslumbrado por la belleza de los viñedos y bancales suspendidos sobre el mar.
Es aquí, en Bagnara Calabra, donde una pequeña bodega recupera terrenos abandonados para destinarlos a la producción de vinos de variedades autóctonas y entre sus productos estrella se encuentra el zibibbo.
San Floro
Nuestro recorrido termina en San Floro, un encantador municipio ya famoso por haber apostado por la recuperación de los gusanos de seda y los granos antiguos. Aquí, una pequeña empresa desde 2018 ha apostado mucho por las uvas blancas para producir su zibibbo seco puro.