La basílica de Santa Maria di Collemaggio, situada a las afueras del centro histórico de L'Aquila, representa uno de los máximos ejemplos de arquitectura sacra medieval de los Abruzos y constituye un verdadero símbolo identitario para la ciudad.
Su construcción comenzó en 1288, por iniciativa de Pietro da Morrone, eremita benedictino que más tarde se convertiría en el papa Celestino V. Precisamente en esta iglesia, el 29 de agosto de 1294, tuvo lugar su coronación papal.
El lugar elegido para construir la basílica ya estaba cargado de significado: una colina que albergaba un antiguo asentamiento fortificado y una pequeña iglesia dedicada a santa María de la Asunción. Según la tradición, fue aquí donde Pietro da Morrone tuvo una visión de la Virgen María, quien le habría pedido que construyera un santuario en su nombre.
Desde el punto de vista estilístico, el edificio es el resultado de una fusión armoniosa entre elementos románicos, góticos y barrocos, fruto de siglos de intervenciones y restauraciones. La fachada bicolor, realizada con piedra rosa y blanca, es uno de los aspectos más reconocibles, enriquecida por tres rosetones, con el central particularmente elaborado. El interior está dividido en tres naves, sostenidas por pilares octogonales y arcos apuntados, y decorado con frescos que narran episodios de la vida de Celestino V y representan a la Virgen y a los santos.
Un elemento de gran valor espiritual es la Puerta Santa, situada en el lado izquierdo de la basílica. Está estrechamente vinculada al Perdón Celestiniano, el primer jubileo de la cristiandad, instituido por Celestino V con la bula del perdón. Cada año, entre el 28 y el 29 de agosto, miles de fieles atraviesan esta puerta para obtener la indulgencia plenaria, en un rito que la UNESCO ha reconocido como patrimonio inmaterial de la humanidad.
En el interior de la basílica también se encuentra el mausoleo de Celestino V, realizado en 1517 por Girolamo da Vicenza, artista que colaboró con Andrea Palladio. La tumba, situada en el ábside derecho, es uno de los lugares más visitados del complejo.
A lo largo de su historia, la basílica ha sufrido varios daños debido a los terremotos, en particular el de 2009, que hizo necesarios unos largos trabajos de restauración y consolidación que concluyeron en 2017. Estas intervenciones recibieron en 2020 el Premio del Patrimonio Cultural de la Unión Europea, lo que confirma el valor histórico y artístico del edificio.