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Naturaleza

Abruzos

Las “terrazas” sobre el mar en los Abruzzi

Es una costa para todos los gustos y necesidades. Así se suele definir el litoral de los Abruzos: costas arenosas enmarcadas por bosques de pinos y acantilados, calas y playas solitarias de guijarros, con lidos animados y festivos.

Pero en su dimensión humana, para los que buscan la autenticidad de pueblos que les sepan acoger bien, que evocan ambientes íntimos y familiares, que recuerdan y cuentan sus historias, los Abruzos ofrecen algo más.

Veamos algunos esbozos de esos pequeños tesoros escondidos con vistas a este mar...

1. Tortoreto, playas blancas y un pueblo encantador

Tortoreto es una de las perlas de la costa ajardinada de los Abruzos, con amplias playas de arena y lidos ideales para las familias. Más de 3 kilómetros de costa con arena fina y suave, aguas galardonadas varias veces con la Bandera Azul de Europa por su limpieza, y una alternancia de playas libres y privadas que permiten satisfacer todas las necesidades.

La zona del paseo marítimo está rodeada de varias zonas verdes que crean un paisaje aún más atractivo. Los aficionados a la bicicleta y a los paseos pueden contar con un largo carril para peatones y ciclistas que atraviesa todo el territorio municipal, conectándolo por el norte con Alba Adriatica y por el sur con Giulianova.

Tortoreto Alto, un pequeño y acogedor pueblo situado en una colina a poco más de 200 metros sobre el nivel del mar, conserva ricos testimonios premedievales y renacentistas. Debes visitar el centro histórico: torres, arcos y callejuelas, las murallas del pueblo medieval y la Torre del Reloj.

Luego debes asomarte a La Fortellezza, una terraza natural desde la que podrás admirar el espléndido panorama de la costa.

2. Giulianova y el antiguo puerto de pescadores

Si hablamos de las terrazas sobre el mar de los Abruzos, la siguiente parada no te puede faltar. No muy lejos de Tortoreto se encuentra Giulianova, una antigua colonia romana.

La parte alta conserva el centro histórico, mientras que Giulianova Lido se ha desarrollado en torno al puerto pesquero.

De las playas pasamos a los testimonios históricos: el Torreón "Il Bianco", el mayor de los restos que quedan de las murallas que rodeaban la ciudad antigua, y la iglesia de Santa Maria a Mare, el santuario de la Madonna dello Splendore y la Pinacoteca Civica.

3. Entre colinas y mar, Silvi

Silvi, que probablemente debe su nombre a un pequeño templo dedicado a Silvano, dios itálico protector de los rebaños y los pastores, antiguamente era un territorio ideal para la trashumancia debido a su ubicación entre las colinas y el mar. De origen medieval, el pueblo conserva la Catedral de San Salvatore y el campanario de 1706. Desde Silvi Alta, la vista se extiende desde el Gran Sasso hasta el mar abierto, y a las playas de arena bordeadas de pinos, entre las que se encuentra la Torre Cerrano, símbolo de la zona marina protegida del mismo nombre.

4. En la Costa dei Trabocchi, las "arañas colosales" de D'Annunzio

Pescara - Trabocco

Siguiendo hacia el sur, se llega a la Costa dei Trabocchi, entre Ortona y Vasto, a lo largo de la cual se alzan como centinelas sobre el mar los antiguos artilugios de madera para pesca, los “trabocchi”, armoniosos con su conjunto de sirgas y cuerdas, a los que D'Annunzio denominada "colosales arañas" extendidas hacia el mar.

Algunos de estos trabocchi, que embellecen este sector de costa, se han transformado en originales restaurantes que impresionan con sus deliciosos platos de pescado del Adriático. Los primeros se encuentran más allá de Ortona, cuando la costa de los Abruzos comienza a cambiar su fisonomía, pasando de playas bajas y arenosas a un paisaje más rudo y rocoso, formado por acantilados y pequeñas ensenadas con calas de guijarros, donde se puede bucear bien para observar el fondo marino. Más allá los trabocchi se concentran principalmente por la zona entre San Vito Chietino y Fossacesia.

San Vito Chietino, descrito por el vate italiano como "el pueblo de las ginestras", se alza sobre un espolón que domina el mar. Desde sus balconadas se puede ver desde la Majella hasta el Gargano y las Tremiti. El pueblo medieval conserva restos de sus murallas y unas hermosas iglesias.

El puerto deportivo ofrece playas de arena o de guijarros custodiadas por majestuosos acantilados. La escarpada costa está marcada por el promontorio de Turchino, llamado así por las intensas tonalidades azul turquesa del mar: un rincón aún más evocador por la presencia de un “trabocco” y, entre naranjos y retamas, de Villa Italia, podrás visitar la ermita donde D'Annunzio pasó largas temporadas, fascinado por tanta belleza. No debes dejar de ver este sector de costa desde la magnífica Abadía de San Giovanni in Venere en Fossacesia.

Los trabocchi siguen acompañándote a lo largo de la costa rocosa de Vasto, desde la Reserva Natural de Punta Aderci hasta el comienzo de la costa de arena de Vasto Marina. La pequeña ciudad de la colina se originó hace unos 3000 años y su historia se cuenta en las torres, fortificaciones, iglesias, palacios y escudos: desde las huellas que aaún permanecen del anfiteatro romano y las termas del siglo II-III d.C., con preciosos suelos de mosaicos, hasta el Castillo Caldoresco de la Edad Media, y el Palacio de Ávalos, un importante ejemplo de arquitectura renacentista, con sus espléndidos jardines. También son interesantes la Loggia Amblingh, el Portale di San Pietro y el Teatro Rossetti. 

5. La naturaleza salvaje de Vasto Marina

Punta Aderici

A lo largo del golfo se extiende Vasto Marina, con sus playas de arena dorada y aguas poco profundas. Hacia el norte, en cambio, la costa es abrupta, con acantilados y calas, donde se enclavan los trabocchi. La reserva natural de Punta Aderci, con su promontorio del mismo nombre y sus playas de guijarros, te ofrece un espectacular rincón de naturaleza virgen.