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Arte y Cultura

Trentino

Una excursión familiar a Arboreto de Arco

Imitemos a los aristócratas de la corte imperial austríaca y regalémosnos una estancia aquí.

El término Arboreto deriva de arboretum, literalmente un jardín botánico caracterizado por especies de árboles y arbustos. Forma parte del inmenso parque del archiduque de la villa construida por el archiduque Alberto de Habsburgo alrededor de 1872. Los Habsburgo adoraban este lugar, justo en el centro de la ciudad de Arco, en Trentino, besado por un clima de extraordinaria suavidad. Solían pasar los meses de invierno en él.

1. Una riqueza de vegetación muy particular

En Arboreto hay 200 especies de plantas, en su mayoría de hoja perenne, distribuidas en una hectárea de terreno. Algunas proceden de Asia y de las zonas subtropicales, en una colección de árboles y arbustos fascinantes. El agave, la chumbera, la acacia de Constantinopla y la yuca huelen a exótico, mientras algunos árboles imponentes expresan toda la fuerza de la naturaleza. Son verdaderos monumentos vegetales, que han cabalgado a lo largo de los siglos, como los cipreses californianos y las encinas de la entrada, después está la secuoya y la secuoya gigante, otra variedad de proporciones ciclópeas. 

En la década de 1960, el profesor de botánica de la universidad de Innsbruck Walter Larcher también creó paisajes vegetales en miniatura, reproducciones de los originales del siglo XIX. Así surgen los oasis, el camino de las palmeras, el bosquecillo de coníferas y agujas, el limonar y la ladera de las retamas. Se suceden diferentes ambientes verdes: desde el mediterráneo, donde crecen granados y cerezos portugueses, a la zona árida, pasando por la tropical. El espléndido jardín ofrece a las familias la oportunidad de pasar días de relax en la naturaleza, con entrada gratuita. Los niños y jóvenes aprenderán mucho sobre botánica mientras se divierten.

2. Una experiencia didáctica sin aburrimiento

El Arboreto es un museo verde, un centro didáctico que ha adquirido fama internacional. Aquí se llevan a cabo investigaciones sobre el clima y las especies vegetales y, debido a su vanguardista huella ecológica, el lugar es visitado cada año por miles de estudiantes, que acceden a los programas didácticos y educativos.  Desde la restauración del parque en 1993, se ha prestado especial atención al etiquetado y a los paneles informativos, en varios idiomas, con la colaboración del museo tridentino de ciencias naturales, hoy llamado MuSe, responsable de la parte didáctica.

Incluso los más pequeños podrán familiarizarse con los nombres y las características de cada una de las plantas, pero siempre podrán correr y jugar al escondite entre los arbustos y detrás de los enormes troncos. Seguramente les encantará la pequeña jungla de bambús, una especie poco común en Italia, que quizás vean por primera vez. Y abrirán todavía más los ojos cuando se encuentren con el estanque central, donde las tortugas y muchos peces de colores se mueven plácidamente

3. Pícnic o taberna: ¡prueba los dos!

El parque también cuenta con un área para pícnics y solo tendrás que elegir qué poner en la cesta. La zona ofrece muchos manjares, algunos especialmente adecuados para un desayuno al aire libre. El pan de centeno es una delicia con la bresaola o el speck o incluso con la mortandela, la típica salchicha ahumada. El sguinz es uno de los quesos que debes probar: elaborado con leche entera de vaca y rico en enzimas lácteas, es suave y tiene un agradable sabor a yogur.

Para comer sobre la hierba como postre, no puedes dejarte escapar el strudel de manzana, orgullo de la región, o una suave crepe de frutos del bosque. En Arco, te esperan mesones y hosterías con menús tradicionales. El pescado de agua dulce, como la farra, quizá acompañada de polenta, llega a la mesa, mientras que los carnívoros optarán por las costillas a la barbacoa. Para los adultos, las bodegas ofrecen una lista de óptimos vinos locales. ¿Gustos fuertes? Termina con un aguardiente de hierbas.

4. Una posición encantadora

A Arco también se le llama "ciudad jardín" y, desde luego, no es casualidad que en su centro histórico se encuentre el Arboreto, con su exuberante vegetación. El clima aquí es suave, favorable al desarrollo de muchas especies vegetales, incluidas las mediterráneas y subtropicales, que encuentran un hábitat ideal. La ciudad es una joya en el norte de la llanura de Altogarda, en la cuenca del Basso Sarca, el río que desemboca en el lago de Garda desde aquí. Y es precisamente el gran lago el que ejerce su benévola influencia sobre el clima, hasta el punto de que la localidad es conocida desde hace siglos como una amena estación de hospedaje.

Paseando por las calles de este anfiteatro natural, podrás disfrutar de un panorama único: vegetación y rocas, olivares con muros de piedra seca y, más allá, el lago. Los picos de las montañas circundantes compensan la campiña: el paisaje adquiere casi de repente una atmósfera alpina.