Mausoleo de Lucilio Peto: la tumba del tribuno que resurgió de la tierra
Su redescubrimiento fue fruto del azar. Corría el año 1887 cuando, durante unas obras a seis metros de profundidad, la tierra devolvió lo que había custodiado durante casi dos mil años: el mausoleo de Lucilio Peto, una imponente tumba romana del siglo I.
Un monumento para la eternidad
La estructura es colosal: un cilindro de 34 metros de diámetro y 16 metros de altura, revestido en bloques de travertino. Una inscripción aclara de inmediato a quién pertenecía: Lucilio Peto, un acaudalado tribuno militar que, aún en vida, decidió construir esta majestuosa tumba para sí mismo y para su hermana, Lucilia Polla. Un gesto que atestigua su riqueza e importancia.
El interior y su destino
Un corredor conduce al corazón del mausoleo: una celda sepulcral en forma de cruz, con tres nichos destinados a acoger los lechos funerarios. Su destino fue, sin embargo, bastante singular: tras un período de uso, fue abandonado y casi completamente enterrado durante la época del emperador Trajano, desapareciendo de la vista hasta su redescubrimiento.
El mausoleo se puede admirar en Roma, a lo largo de la via Salaria.