La tumba de los Leones Rugientes en Veyes: el nacimiento de la pintura funeraria etrusca
A pocos pasos de Roma, oculta en el parque de Veyes, se esconde la tumba etrusca pintada más antigua jamás descubierta. Se trata de la tumba de los Leones Rugientes, un hipogeo que data aproximadamente del año 690 a.C. y que ha reescrito la historia del arte itálico. Su descubrimiento, que tuvo lugar apenas en 2006, parece sacado de una novela, ya que fue localizada gracias a la pista proporcionada por un saqueador de tumbas arrepentido.
Los primeros colores de Etruria
La tumba está excavada en la toba y cuenta con un corredor de acceso, el dromos, con dos bancos laterales que en su día se utilizaban para los ritos funerarios. Pero lo realmente impresionante se encuentra en el interior. La cámara principal exhibe un friso en el que se representan cuatro leones con las fauces abiertas, la fuerza simbólica en estado puro. Por encima de ellos discurre una bandada de aves acuáticas en migración.
Un tesoro que proteger
El carácter excepcional del hallazgo y la fragilidad de las pinturas —las más antiguas de su género— impusieron una decisión difícil. Para garantizar su conservación, el hipogeo no está abierto al público. Es un lugar protegido, reservado al estudio de los arqueólogos. Sin embargo, es posible admirar sus reconstrucciones y conocer su historia a través de exposiciones temporales o publicaciones especializadas, disponibles con frecuencia en las librerías de los museos.
La tumba no se puede visitar por motivos de conservación. La información sobre posibles exposiciones o aperturas extraordinarias puede consultarse en el sitio web del parque de Veyes o de la Superintendencia Arqueológica competente.