Camino hacia la sostenibilidad: historias de territorios relanzados gracias al turismo lento
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Entre las aldeas encaramadas del Piamonte y las minas olvidadas de Cerdeña, el turismo lento está transformando territorios a menudo alejados de los grandes flujos turísticos en destinos con valor, capaces de combinar sostenibilidad, cultura y desarrollo local. Este es el caso, en particular, de dos caminos que, aunque diferentes en historia y paisaje, nos narran la misma historia de renacimiento: la Via Francigena en el Piamonte y el Cammino Minerario di Santa Barbara. Dos regiones lejanas pero cercanas en su propósito, donde caminar se convierte en un acto de regeneración para un territorio que se redescubre a sí mismo a través del paso lento, el encuentro con la naturaleza y la puesta en valor del patrimonio tanto cultural como humano.
La Via Francigena en el Piamonte: entre pueblos, viñedos y tradiciones
El tramo piamontés de la Via Francigena atraviesa paisajes de extraordinaria variedad: desde las colinas vitivinícolas de Monferrato hasta los valles alpinos, pasando por pueblos históricos y zonas rurales que han encontrado en el turismo lento una nueva perspectiva de desarrollo. En esta región, el camino se está configurando como un modelo concreto de turismo sostenible y accesible.
En los últimos años, el Piamonte ha realizado una notable inversión en mejorar los servicios de acogida y en el diseño inclusivo de los recorridos, con intervenciones destinadas a hacer que algunos tramos sean accesibles también para personas con movilidad reducida, familias con cochecitos de bebé y caminantes con necesidades específicas.
Entre las iniciativas más significativas nacidas a lo largo de la Via Francigena piamontesa destaca HIKE4ALL, un proyecto europeo que interpreta el camino como un espacio de inclusión y ciudadanía activa. El objetivo es tan sencillo como revolucionario: hacer que la experiencia del turismo lento sea accesible, superando las barreras físicas, cognitivas y sociales, a través de una serie de paseos y eventos deportivos abiertos a todos y a todas. El proyecto coordinado por AEVF (Associazione Europea delle Vie Francigene) involucra a las autoridades locales, asociaciones y operadores poniendo a la persona en el centro: no se trata solo de adaptar las infraestructuras, sino de promover una cultura de la acogida inclusiva mediante señales e información accesibles, estructuras receptivas atentas a las diferentes necesidades y recorridos pensados para múltiples tipos de caminantes.
La importancia de este enfoque también se refleja en la puesta en valor de los bienes locales, a través de acciones concretas como la recuperación de antiguos senderos, la rehabilitación de edificios históricos, la creación de eventos culturales y los productos de kilómetro cero. En territorios como el valle de Susa y las zonas montañosas del Piamonte, el turismo lento ha generado nuevas oportunidades de empleo relacionadas con los servicios de guías para excursiones, la artesanía y la restauración sostenible.
El resultado es una cadena territorial que combina la protección del paisaje, la inclusión social y la innovación turística. El camino se convierte así en un espacio de encuentro donde la sostenibilidad es un concepto medioambiental, pero también cultural y social, además de una fuente de ingresos para el territorio.
Cammino Minerario di Santa Barbara: memoria industrial y renacimiento sostenible
Si el Piamonte nos habla del renacimiento a través de viñedos y colinas, en Cerdeña el Cammino Minerario di Santa Barbara ofrece una narrativa igualmente poderosa y original: hablamos de un territorio atravesado por la historia de la industria minera, hoy protagonista de un proyecto de regeneración cultural, medioambiental y social. Con más de 500 km de longitud, esta ruta conecta las explotaciones mineras y los pueblos afectados por el declive del sector, transformándolos en etapas de un camino de memoria, arte y naturaleza. Las antiguas infraestructuras industriales, las galerías y las chimeneas olvidadas se convierten en escenarios de un recorrido que habla de resiliencia, identidad y sostenibilidad, invitando al visitante a reflexionar sobre la relación entre el ser humano y el medioambiente. La base del proyecto es un fuerte compromiso con la protección del medioambiente y la regeneración territorial: la puesta en valor de los senderos y pueblos vinculados a la memoria minera ha favorecido el nacimiento de iniciativas locales de acogida de un turismo sostenible. Una reconversión que también pasa por la educación, con talleres para jóvenes y actividades de participación de las escuelas para mantener viva la memoria colectiva y crear nuevas habilidades relacionadas con el turismo cultural.
Los números de la sostenibilidad: más allá del turismo «exprés»
Aunque fragmentarios, los datos más recientes confirman una tendencia al alza: el turismo lento, que favorece los desplazamientos a pie o en bicicleta, las estancias más largas y un vínculo más profundo con los lugares, genera un impacto económico más distribuido y con menos impacto en el medioambiente que el turismo de masas. A diferencia de los grandes destinos urbanos, estas rutas históricas favorecen la estancia en las zonas rurales, apoyan a las pequeñas empresas y contribuyen a la reducción de las emisiones en el transporte. Así, la sostenibilidad ya no es un mero valor ético, sino que pasa a convertirse en un modelo de desarrollo local: nuevas oportunidades de empleo en las comunidades rurales, revitalización de municipios despoblados e intercambios culturales entre visitantes y residentes. Es un turismo que invierte en el capital humano y paisajístico, en lugar de depredarlo. En este contexto, los servicios a los viajeros ofrecidos por las pequeñas y medianas empresas se vuelven fundamentales, como demuestra el interés de Europa en apoyarlas, valorarlas y financiarlas con proyectos europeos de la talla de DETOUR.
Este artículo se ha realizado en colaboración con la redacción de AEVF - Associazione Europea delle Vie Francigene.