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Piamonte

Ciclismo en el antiguo corazón del Piamonte

No es uno de los itinerarios más populares, pero tiene mucho que ofrecer: residencias cargadas de historia, comida que recuerda a la tierra y al trabajo, y una naturaleza que te dejará sin palabras. Solo nos queda descubrirlo juntos.

Hay una carrera ciclista que se remonta en el tiempo: es la Milán-Turín, la más antigua de Italia, que comenzó en 1876. En este artículo recorremos juntos su ruta: un viaje de 199 kilómetros desde Magenta hasta Rivoli, a través de la historia de nuestro país, de oficios olvidados y de menús gastronómicos que huelen a tradición. Se trata de un recorrido que parece haber sido diseñado especialmente para los profesionales de la velocidad (salvo un corto tramo, es todo llano), pero también para los aficionados que prefieren un ritmo más lento, intercalado con paradas que permiten mirar al pasado, en una zona todavía alejada de los grandes flujos turísticos. Así que, súbete a la bici y ponte en marcha.

1. Entre los arrozales, donde las nubes se reflejan

La ruta comienza en Magenta, la ciudad símbolo del Risorgimento italiano, y atraviesa el alto valle del Po para dirigirse directamente al Piamonte. Las carreteras son llanas pero, cuidado, eso no significa que no sean emocionantes. Cuando entras en la zona de Vercelli te encuentras en otro mundo, en otra época. Estamos en los arrozales que se relatan en Arroz amargo, la obra maestra neorrealista sobre la amargura de los arroceros: un tablero de pequeños mares bordeados por diques que, a través de un sistema de canales, impiden el paso del agua, sobre todo desde mediados de abril hasta mediados de mayo, cuando se llenan y se convierten en espejos para el cielo y sus nubes. Pedalear hasta aquí, pasando por pueblos como Santhià, Cavaglià, Viverone y Bollengo, es una maravilla que merece la pena visitar durante el fin de semana. Otra visita obligada es la Abadía de Lucedio, en Trino, fundada en 1123 por monjes cistercienses, que recuperaron la tierra y fueron los primeros en introducir el cultivo del arroz a mediados del siglo XV. Si tienes tiempo para hacer una parada en Vercelli, no te pierdas la Basílica de San Andrés, con sus campanarios góticos y su fachada románica. 

2. En el Canavese, donde huele a tierra

Entrar en el Canavese, la parte noroccidental del Piamonte, requiere un cambio de ritmo, tanto por lo que respecta la bicicleta como el tiempo. Aquí, los atletas, tanto profesionales como aficionados, se enfrentan a la parte más ondulada del recorrido: colinas suaves, casi inofensivas, que también pueden ser abordadas por los que acaban de volver al sillín tras el parón invernal. Tras pasar por los pueblos de San Martino Canavese y Silva, a 398 y 442 metros de altitud respectivamente, descendemos hacia Castellamonte, la ciudad de la cerámica y la terracota, y, luego, subimos ligeramente hasta Cuorgnè, donde se encuentra el Museo Arqueológico: entre sus salas podrás admirar vestigios de poblaciones prehistóricas, luego celtas y finalmente romanas y lombardas. Las colinas de esta zona también están salpicadas de castillos medievales y villas del siglo XIX, que recuerdan la antigua dimensión real. Por último, merece una especial atención el patrimonio gastronómico y vinícola del Canavese, estrechamente vinculado a la tradición rural, con platos típicos a base de setas, trufas, castañas, polenta y queso, y vinos como el Erbaluce DOCG y el Canavese Rosso DOC. Una última cosa: los Caminos del Vino, con vistas a las terrazas construidas minuciosamente a lo largo de los siglos, también se pueden recorrer en bicicleta.

3. En el Parque de Mandria, entre historia y naturaleza

La parte final del Milán-Turín está marcada por la naturaleza y la historia. Los últimos kilómetros de la competición ciclista serpentean por el Parque La Mandria, el primer parque regional creado en Italia (1978) y uno de los más bellos: una zona de 30 kilómetros cuadrados que en su día perteneció a la familia Saboya, donde vivía y cazaba. El Castillo de La Mandria, situado dentro del parque, el Castillo de Venaria y el Castillo di Rivoli, donde se encuentra la meta de la competición, son tres joyas que no debes perderte. Una mezcla de historia, arquitectura y belleza que ha hecho que formen parte de la lista de los 22 espléndidos palacios y suntuosas villas del Piamonte (11 de ellos en Turín), declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Desde un punto de vista técnico, la ruta no presenta grandes dificultades: hay que tener cuidado con el viento y con las distracciones que pueden suponer el encuentro cercano con los animales. De hecho, nos encontramos en un entorno único donde abundan los bosques y los espacios abiertos, los estanques y los cursos de agua, en los que puedes avistar águilas reales, cigüeñas negras, grullas, garzas, pájaros carpinteros y corzos.

Editado por la redacción de RCS Sport