En el siglo XVI, el arte de los terciopelos se trasladó de Génova a la Riviera de Levante, y encontró en Zoagli su centro de excelencia. Ya bajo el dominio de la familia Fieschi, el pueblo contaba con talleres artesanales con telares que producían sedas de renombre internacional. Con la llegada de la República de Génova, esta tradición se consolidó, lo que permitió ampliar la gama de productos y consagrar a Zoagli como punto de referencia en el mundo textil.
Los terciopelos y la historia artesanal de Zoagli
Durante el siglo XVI, Zoagli se consolidó como centro de producción de terciopelos y brocados de extraordinaria calidad. Las fábricas de seda del pueblo llegaron a las cortes europeas, decoraron mansiones nobiliarias y vistieron a reyes, príncipes y familias ilustres. Todavía hoy, la fama de estos tejidos no ha menguado: incluso el papa Wojtyla llevó vestiduras sagradas confeccionadas por los telares artesanales de Zoagli, símbolo de una excelencia atemporal.
La tradición que perdura en la actualidad
Hoy en día, las fábricas de seda de Zoagli siguen cautivando a visitantes y amantes de las telas nobles. Las salas de exposición, a menudo ubicadas en villas con vistas a Portofino, presentan colecciones que rinden homenaje al Made in Italy, desde tejidos clásicos hasta fulares estampados con diseños exclusivos de Cordani. En Tessitura Cordani se pueden admirar telares históricos de los siglos XVI y XIX, lo que permite vivir una experiencia inmersiva en la tradición y la elegancia de los tejidos de Zoagli.