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Caminos religiosos

Vacaciones de Navidad en Friuli-Venecia Julia, entre lo sagrado y lo profano

7 minutos

Desde los pequeños pueblos alpinos hasta los pueblos con vistas al mar, la versión navideña de Friuli-Venecia Julia es tan variada como sus paisajes y su historia.

Se empieza ya a principios de diciembre para que todo esté listo para la llegada de san Nicolás, el santo que dio origen a Santa Claus y, por tanto, a Papá Noel, cuya tradición todavía se mantiene en gran medida en todos los territorios que pertenecieron al Imperio austrohúngaro. El 6 de enero se termina con los tradicionales fuegos de la Epifanía y dos misas que también son, al mismo tiempo, recreaciones históricas. Entre las dos fechas, belenes de todo tipo y muchos villancicos.

San Nicolás y los «krampus»

Un cortejo grotesco, dirigido por un anciano santo de larga barba blanca y vestido con ropas ceremoniales. Detrás de él, una horda de demonios gritones, iluminados por las tenues luces de muchas antorchas encendidas. Podría parecer la escena principal de una película de terror, pero, para Tarvisio y para Valcanale, esta descripción retrata un evento que se celebra cada año en la noche del 5 de diciembre: es el tradicional rito de los «krampus», figuras míticas que acompañan, con sonidos siniestros y estridentes, la llegada de san Nicolás a las calles de la ciudad de Tarvisio.

Detrás del desfile folclórico de los «krampus», compartido por la gente de todo el valle, se esconden historias legendarias cuyas sombras se extienden hasta la noche de los tiempos. Una de ellas habla de robos y saqueos de las reservas invernales por parte de un grupo de jóvenes que, para que no les reconociesen, se disfrazaban con pieles y cuernos de animales. Entre ellos, sin embargo, se insinuó una verdadera presencia demoníaca, reconocible por sus pies en forma de pezuña de cabra. Para erradicar del pueblo esta presencia aterradora, se llamó al obispo Nicolás, que logró derrotar al demonio.

Desde entonces, desde las primeras sombras de la noche del 5 de diciembre, los «krampus» descienden de los bosques de la montaña e invaden las calles de Tarvisio y de los pueblos vecinos. El cortejo ruge y se debate hasta llegar al valle, donde se enciende una gran hoguera. Una vez concluido el original desfile, san Nicolás guía a la procesión demoníaca de nuevo hacia el silencio y la oscuridad del bosque, para regresar al año siguiente.

Los belenes

La arraigada tradición religiosa de la Navidad en Friuli-Venecia Julia se expresa, sobre todo, a través de los belenes. Cada año, se exhiben belenes de madera tallados ante los ojos de los visitantes, belenes de arena, de mazorcas de maíz, de paja, belenes muy pequeños y belenes gigantes, belenes vivientes y mecánicos e incluso belenes subacuáticos: en Friuli-Venecia Julia, tierra de grandes habilidades artesanales, diciembre es, por excelencia, el mes de la fantasía.

En el municipio de Forgaria, el pintoresco lago de Cornino sirve de telón de fondo para un belén igualmente espectacular que se instala en el fondo del lago. En Lignano Sabbiadoro, en cambio, el belén no podía ser de otra cosa que de arena, un material que se adapta muy bien a esta representación y al que, sobre todo, todo el mundo puede acceder. En Ravascletto se exponen los belenes realizados por los descendientes de los «cramârs», los vendedores ambulantes de Carnia, activos desde el siglo XVI al XIX, que en los meses de invierno recorrían toda Europa transportando telas y especias. En Sutrio, el famoso belén de Teno se puede visitar durante todo el año: reproduce en miniatura los usos y costumbres tradicionales del pueblo, con escenas que cobran vida gracias a una serie de perfectos engranajes mecánicos. En Spilimbergo, el belén renueva una identidad cultural histórica y pone en valor un sector artesanal de excelencia, orgullo de la región de Friuli-Venecia Julia: el mosaico. Las figuras del belén, revestidas de mosaico por ambos lados con el esplendor del oro y los esmaltes de vidrio de colores, componen una obra única en el mundo y ofrecen una escenografía encantadora en un espacio urbano de prestigio, entre los principales edificios históricos medievales y renacentistas del casco antiguo.

En Selz di Ronchi dei Legionari, el belén está en movimiento, con más de 300 figuras animadas por un solo motor que hace funcionar la composición como un reloj, sin cuerdas ni alambres de hierro ni muelles. El belén de Corgnolo di Porpetto, que se instala al aire libre entre las tres ramas del canal Corgnolizza y se sitúa entre antiguos edificios ya deshabitados que le confieren el encanto de otros tiempos, se caracteriza por la presencia de animales vivos, como gansos, patos, gallinas, ovejas, burros, cabras y cerdos. En Poffabro, uno de los pueblos más bonitos de Italia, todos los recovecos y los balcones de las casas albergan un belén: el ambiente se vuelve especial al atardecer, cuando las luces se encienden y Poffabro se transforma en un «belén entre belenes». Las bellezas naturales de este pueblo se funden con las arquitectónicas de las características casas de piedra vista y madera, donde amplios balcones dan a callejuelas adoquinadas. Por último, en Grado, Jesús nace en la laguna: en lugar de chozas hay caseríos y en lugar de pastores hay pescadores.

La Messa dello Spadone (Misa de la Gran Espada) y la Messa del Tallero (Misa del Tálero)

La Messa dello Spadone es un rito religioso que recuerda la investidura política de Marquardo von Randeck como patriarca de Aquilea, que tuvo lugar en 1366 en Cividale del Friuli. Desde entonces, la misa conmemorativa se celebra en esta ciudad cada año en la Epifanía. El Patriarcado de Aquilea fue una sociedad eclesial y jurídica muy amplia y una de las más importantes de la Edad Media europea. A la entidad exclusivamente religiosa en sus orígenes también se unió, en 1077, la institución feudal que transformó el Patriarcado en una especie de principado eclesiástico de tipo alemán. La misa prevé el uso de una espada (copia de la gran espada perteneciente a Marquardo) con la que un diácono saluda a los presentes en varios momentos de la liturgia.

La Messa del Tallero se celebra, por su parte, en Gemona del Friuli. Combina el rito religioso con el civil: su significado es, de hecho, la colaboración entre las autoridades de la ciudad para la consecución del bien común. Se originó en la Edad Media, pero el nombre actual se refiere a la dominación austriaca, cuando la moneda utilizada era el tálero de María Teresa de Austria. La ceremonia comienza en el ayuntamiento: el alcalde, acompañado por un paje que lleva el tálero y otros figurantes disfrazados, se dirige a la catedral y llama a la puerta, la cual abre el diácono. La misa se celebra en latín y en friulano y el Evangelio se canta según el rito patriarcal.

Los cantos

Los cantos

¿Pero qué es el «rito patriarcal»? Como es fácil imaginar, se trata del canto de la iglesia de Aquilea y consta de numerosas melodías populares, de tradición secular y, hasta el siglo pasado, transmitidas solo oralmente. Incluye varios tipos de cantos, entre los que destaca el Missus, el pasaje evangélico de la Anunciación, que todavía se canta en muchas parroquias de Friuli en la novena de Navidad, del 15 al 23 de diciembre.  

Sin embargo, la gran tradición coral de Friuli-Venecia Julia se expresa durante todo el periodo navideño, en particular en el tradicional festival Nativitas: 150 eventos distribuidos por toda la región que proponen una Navidad arraigada en la historia y las tradiciones de esta tierra fronteriza, punto de encuentro de pueblos, religiones e historias diferentes.

Los «pignarûi»

En el día de la Epifanía se reviven antiguos rituales de hace siglos. El protagonista absoluto es el fuego, que en gran parte del Friuli ilumina la noche del 6 de enero durante el típico rito de la hoguera propiciatoria llamada «pignarûl». La tradición, que parece provenir de un antiguo ritual celta en honor al dios Beleno, representa la voluntad y la necesidad de «quemar» lo viejo para dejar espacio a lo nuevo. Reinterpretada a lo largo de los siglos también en clave cristiana, se vuelve a proponer en muchísimas localidades con rituales y coreografías diferentes y una participación popular siempre intensa dada la ocasión de encuentro y de fiesta: alrededor del fuego, de hecho, las personas que intervienen intercambian los deseos para el nuevo año mientras beben un cálido «vin brulé».

Entre todas, la Epifanía de Tarcento tiene una fama especial y merecida: organizada como una verdadera recreación histórica, consigue revivir emociones que nunca se han apagado. Comienza con una larga e intensa víspera: la noche del 5 de enero, los «pignarulârs», que en los días anteriores han preparado las pilas y las piras en los pueblos y en las colinas circundantes, guían una procesión festiva de antorchas que ilumina las calles de la ciudad para cerrar la noche con la espectacular carrera de los carros de fuego. En la tarde del 6 de enero, el centro de la ciudad se llena de vida con el cortejo histórico de los nobles señores y damas del siglo XIII friulano, que representa la solemne investidura feudal del noble Artico de Castel Porpetto por parte del patriarca de Aquilea, que tuvo lugar en 1290. El hecho lo cuenta el Vecchio Venerando (Viejo Venerando), una figura a medio camino entre sacerdote y jefe de aldea, que invita a todo el mundo a seguirlo por la ladera de una colina, con antorchas en la mano, para encender el «Pignarûl Grant»: según la dirección del humo, el Vecchio Venerando dará los augurios para el año nuevo. A continuación, se encienden también las demás hogueras de la cuenca que rodea a Tarcento, lo que da vida a un espectáculo con mucho encanto.

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