Sabores de mar, colinas y viñedos de los Abruzos
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La costa de los Abruzos es un territorio vivo, luminoso y en continuo diálogo con el mar y con las colinas que lo rodean. Aquí los aromas cambian con la brisa: a veces saben a sal, a veces a olivo y a veces a viñedos maduros. Una tierra que combina el espíritu marinero con el agrícola para dar lugar a una cocina variada y sorprendente. Estos Abruzos de mar y colinas son un territorio abierto y soleado en el que cada producto transmite el diálogo entre el hombre y una naturaleza generosa. Aquí el sabor es inmediato, sincero y mediterráneo: una invitación a descubrir paisajes diferentes en pocos kilómetros y a dejarse guiar por los sabores a lo largo de un recorrido que huele a viento y luz.
El «brodetto»: poesía del mar
A lo largo de la costa de los Abruzos, el «brodetto» es mucho más que un plato: es un ritual. En Giulianova, Pescara, Ortona y Vasto se encuentran diferentes versiones, cada una de ellas moldeada por la historia de los pescadores locales. Se prepara poco a poco: los peces se colocan enteros en la olla y se cocinan sin mezclarlos nunca, dejando que el mar hable por sí solo. El resultado es un aroma intenso, rico en yodo y tomate, de conchas y redes tiradas al amanecer.
Colinas de olivos: el reino del aceite
Subiendo desde la costa hacia el interior, el paisaje se colorea de olivares centenarios. Si se prensan con cuidado, las variedades «gentile di Chieti», «dritta» y «tortiglione» permiten obtener unos aceites verdes y fragantes, capaces de anunciar el territorio incluso en una sola gota. Las DOP (Aprutino Pescarese, Colline Teatine y Pretuziano) certifican esta calidad lograda a lo largo del tiempo.
Viñedos suspendidos entre la luz y el mar
Las colinas de los Abruzos son una sucesión de hileras que miran al Adriático. El vino Montepulciano d'Abruzzo es el rey indiscutible, con cuerpo e intenso; el Cerasuolo, con su color cereza, huele a fruta fresca; y el Trebbiano es elegante y versátil. Los vinos Pecorino, Passerina, Cococciola y Montonico y el antiguo Nero Antico di Gessopalena enriquecen un panorama vitivinícola cada vez más apreciado en el mundo.
Los bosques de las trufas
Si te diriges hacia el interior, apreciarás que, en los sombríos bosques de Val di Sangro y del Alto Vastese, el terreno conserva un aroma inconfundible: el de las trufas. En los Abruzos crecen nueve variedades, desde la preciada blanca hasta la negra del verano. Aquí la búsqueda sigue siendo un ritual compartido entre el hombre y el perro, un recorrido hecho de silencios y esperas que culmina en el descubrimiento de un tesoro enterrado.
Otoño de castañas y sabores antiguos
Cuando las hojas comienzan a amarillear, el aroma de las castañas invade las colinas de los Abruzos. La «roscetta» del valle Roveto y la castaña de la Laga, recogidas en los bosques centenarios, se convierten en las protagonistas de fiestas y mercadillos, donde el fuego de las castañas asadas calienta las plazas de los pueblos.
Dulces y tradiciones costeras
Entre los dulces más representativos de la franja adriática se encuentran las «nevole» de Ortona: finas obleas perfumadas con mosto cocido, enrolladas en pequeños conos, fragantes y ligeras.
Junto a ellas, una copita de ratafía pone el broche final a la comida con unas notas de amarena y vino Montepulciano macerados al sol. Es un licor oscuro y aromático que encarna el verano de los Abruzos.