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Basílica de San Agustín en Campo Marzio

Basílica de San Agustín en Campo Marzio

La fachada de la basílica de San Agustín en Campo Marzio es majestuosa y sobria, pero tiene como peculiaridad dos volutas laterales. Revela así tanto el origen renacentista como la evolución dieciochesca de esta iglesia, terminada en 1420, reconstruida sesenta años más tarde por Giacomo da Pietrasanta y Sebastiano Fiorentino, quienes la agrandaron y «elevaron» respecto a la carretera para protegerla de las crecidas del Tíber, y luego remodelada en el siglo XVIII.En todos los casos, los trabajos fueron encargados por la Orden de San Agustín, que anteriormente oficiaba sus funciones en la iglesia de San Trifón en Posterula; así se explica la doble denominación, «basílica de los Santos Trifón y Agustín», a veces utilizada para indicar esta iglesia. La fachada, hoy en día uno de los símbolos del barrio de Sant'Eustachio, se construyó utilizando travertino recuperado del Coliseo, o al menos eso se dice. En cambio, los interiores son el resultado de la revisión de mediados del siglo XVIII realizada por Luigi Vanvitelli, quien en la misma fase añadió las dos volutas laterales a la fachada, reconstruyó la cúpula y el campanario y rediseñó el convento anexo a la basílica, que sigue siendo la sede central de la Orden de San Agustín. De la primera temporada de la basílica han sobrevivido al menos tres obras maestras: el Profeta Isaías pintado al fresco por Rafael en el tercer pilar izquierdo, de 1512; la subyacente Virgen con el Niño y santa Ana, escultura contemporánea de Andrea Sansovino; y la veneradísima estatua de la Virgen del parto de Jacopo Sansovino (1521), en la contrafachada junto al portal principal. Se remontan al siglo XVII otras tres obras fundamentales conservadas en esta basílica: el altar mayor, diseñado por Gian Lorenzo Bernini en 1627 y realizado por Orazio Torriani, con una virgen bizantina procedente de la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla; el retablo de San Agustín entre los santos Juan Bautista y Pedro el Ermitaño de Guercino (1637); y, sobre todo, el retablo de la Virgen de los peregrinos (o Virgen de Loreto) de Caravaggio (1603-04, en la primera capilla izquierda), considerado escandaloso por el aspecto de la Virgen, que tiene las características de una modelo muy conocida en Roma en ese momento por sus actividades como cortesana, por su ropa popular y por el realismo con el que se representa al peregrino adorador, que tiene los pies desnudos e hinchados. Caravaggio donaría esta pintura a la basílica como agradecimiento personal al convento de los agustinos: de hecho, aquí se puedo refugiar después de haber herido a un hombre por celos en la cercana Piazza Navona para que no lo detuvieran.
Basílica de Sant'Eustachio

Basílica de Sant'Eustachio

Según la tradición, la basílica de Sant'Eustachio fue fundada en el siglo IV por el emperador Constantino en el lugar de martirio del santo. Sin embargo, la iglesia «solo» está documentada desde el siglo VIII: la única certeza es que estamos en la zona de las termas de Nerón o Alejandrinas, erigidas por Nerón alrededor del año 62 y reconstruidas por Alejandro Severo en el año 227, de donde provienen las dos antiguas columnas adosadas al lateral del edificio, en Via di Sant'Eustachio. Sabemos que la basílica fue restaurada y ampliada en 1196, cuando se construyó el campanario de estilo románico, que presenta ajimeces parcialmente tapiados. No obstante, el aspecto actual de Sant'Eustachio se debe a las importantes remodelaciones (más bien reconstrucción) de la primera mitad del siglo XVIII, fase a la que pertenecen el altar mayor de bronce y mármol policromado, de Nicola Salvi, y el baldaquino que lo corona, obra de Ferdinando Fuga de 1746. Estos trabajos resultaron indispensables para salvar la iglesia de las filtraciones de agua y de las crecidas del Tíber, que eran frecuentes y suponían una gran amenaza. En la fachada, en la esquina con Via di Sant'Eustachio, una lápida recuerda el nivel alcanzado por el río durante una de las peores, en 1495. En la parte superior, la fachada está coronada por una cabeza de ciervo ya que, según la hagiografía, san Eustaquio se convirtió en el transcurso de una cacería, cuando entre los cuernos de un ciervo vio una cruz luminosa (o, según otras fuentes, la figura de Cristo).
Iglesia de Sant'Ivo alla Sapienza

Iglesia de Sant'Ivo alla Sapienza

Pequeña en tamaño, inmensa por su calidad arquitectónica y su importancia en la historia del arte: la iglesia de Sant'Ivo alla Sapienza, proyectada por Francesco Borromini, está considerada una de las expresiones más altas y originales del Barroco romano, punto de referencia para generaciones y generaciones de arquitectos. Realizada entre 1643 y 1660, año de su consagración, la iglesia se inserta en el edificio del palacio de la Sapienza y cierra la perspectiva del patio central, en el lado opuesto a la entrada. Borromini, nombrado arquitecto de la Sapienza en 1632, tuvo que trabajar en un espacio que ya había quedado definido por sus predecesores, estrecho y cuadrangular. Lo transformó radicalmente creando una iglesia de planta central mixtilínea, tan fascinante como compleja en su geometría. En la práctica, la planta de la iglesia de Sant'Ivo es una estrella de seis puntas formada por dos triángulos intersecados, doble símbolo de la Trinidad; en el centro, la intersección entre los triángulos da forma a un hexágono. Las paredes están coronadas por un entablamento que alterna lados cóncavos, rectilíneos y convexos, sobre el que descansa una cúpula de seis caras con una ornamentación clara y luminosa, que anticipa el gusto rococó. El suelo también es obra de Borromini, que creó un diseño con incrustaciones de mármol blanco y negro. En el altar hay un gran retablo dedicado a san Ivón de Kermartin, obra de Pietro da Cortona, el cual quedó inacabado debido a la muerte del maestro, acaecida en 1669, aunque más tarde fue concluido por sus alumnos. En el exterior, la cúpula está envuelta por un tambor de lados convexos que, visto desde el patio del palacio, contrasta con la exedra cóncava de la parte inferior. La coronan una cubierta escalonada y una linterna en espiral que, con su impulso ascendente, se ha convertido en un icono de todo el palacio de la Sapienza.
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