La exposición de Trieste pretende reunir en torno a tres temas (Memoria e Identidad, Cuerpo y Cuerpos, Realidad y Visión) un núcleo de obras de artistas japoneses contemporáneos que, a través del uso de las imágenes, ofrecen una visión de gran alcance de las actuales escenas fotográfica y videográfica niponas, desde el diálogo con los maestros hasta la investigación de las nuevas generaciones dedicadas a releer la historia reciente de Japón, haciéndose preguntas sobre el género, la vida cotidiana y utilizando a veces el cuerpo como medio político. Si bien la fotografía japonesa del siglo XX se ha caracterizado principalmente por un lenguaje fuertemente identitario y autorreferencial, hoy asistimos a un cambio de dirección significativo: muchos artistas jóvenes y ya consolidados toman como referencia no solo la complejidad de su país, sino también los cambios globales, a fin de construir un estrecho diálogo con temas de matriz occidental, como las cuestiones de género, la memoria colectiva, las relaciones sociales, el medioambiente y la percepción de la imagen.
Las miradas de Noriko Hayashi y Tomoko Yoneda repasan periodos y acontecimientos cruciales de la historia japonesa reciente a través de un enfoque documental y participativo. Susumu Shimonishi, con una toma cenital y una imagen en movimiento que se convierte en medida del tiempo, reflexiona sobre la continuidad y las fracturas del pasado. La vida cotidiana de la península de Okunoto, todavía hoy suspendida entre la tradición y la marginalidad, es el centro de las obras de Naoki Ishikawa, alumno de Moriyama. Las celebraciones y los ritos que definen el tejido cultural del país emergen en las fotografías de Keijiro Kai, mientras que los vídeos de Miyagi Futoshi indagan en la memoria personal y la construcción de la identidad de género a través de un relato íntimo de recuerdos y relaciones.
Una segunda sección está dedicada al cuerpo. El cuerpo como espacio social, como lugar político, como materia viva que responde a los cambios de lo contemporáneo. Aya Momose trabaja sobre la distancia, y a veces sobre la incomprensión, entre los códigos visuales orientales y occidentales. Yurie Nagashima nos devuelve la delicadeza de la vida familiar cotidiana, mientras que Ryoko Suzuki aborda de modo directo los temas de la violencia y la presión social sobre la mujer. Las fotografías de Sakiko Nomura, quien durante años fue ayudante de Araki, narran a través de los desnudos masculinos una timidez existencial que parece filtrada por el ritmo dispersivo de Tokio, inmenso e impersonal.
En la sección Realidad y Visión, el diálogo entre lo que vemos y lo que imaginamos recorre las obras de Hiroshi Sugimoto, maestro en hacer del tiempo una materia tangible. Sus imágenes esenciales y meditativas se confrontan con las luminosas escenografías de Tokihiro.