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Naturaleza

El azul del mar y las olas rompiendo sobre i Faraglioni, símbolo de uno de los lugares más bonitos y célebres del mundo: estamos en Capri, una isla mágica en el Golfo de Nápoles.

La Fontelina, una bahía de ensueño en la legendaria Capri

En La Fontelina, las rocas van creando pequeñas ensenadas que conforman piscinas naturales donde bucear resulta una experiencia inolvidable. Al lado, el pueblo histórico y paisajes con el típico matorral mediterráneo salpicado del amarillo intenso de los limoneros.

1. Un paraíso natural

Siéntete en el paraíso mientras descansas sobre el lecho natural que forma la roca. La Fontelina es uno de esos lugares inolvidables y luminosos que te conducirán a la relajación absoluta.

A la Fontelina se llega dando un espectacular paseo por el Belvedere di Tragara. Después, para volver al atardecer, podemos deshacer este mismo camino. Si queremos pasar noche en La Fontelina, podemos alojarnos en el Beach Club del mismo nombre, un famoso club de playa con su propio restaurante.

El nombre de este lugar procede de las fuentes del lino, porque las mujeres de Capri venían a las piscinas naturales de agua salobre a macerar las hojas de lino, un tejido esencial para la confección de redes de pesca y ropa. 

2. Los guardianes de la isla

Los 3 faraglioni, unas rocas imponentes que emergen del mar, han velado siempre por la isla y se han convertido en símbolo del lugar. El primer faraglioni, unido a la costa, es Stella, el segundo es el Faraglione di Mezzo y dibuja un magnífico arco natural; el tercero es el Faraglione di Fuori; y a poca distancia se encuentra el Monacone. Con sus cien metros de altura, te harán compañía mientras descansas en La Fontelina, pero no dudes en regalarte un paseo en barco para verlos más de cerca: en la isla se organizan muchísimas salidas. No te olvides que, al pasar por debajo del arco del Faraglione di Mezzo, la tradición dice que hay que besarse si se quiere atraer la buena suerte.

Por otro lado, para entrar a la Grotta Azzurra tendrás que recostarte dentro de una barca de remos, pues la entrada a esta formación rocosa es baja y estrecha. Sin embargo, una vez dentro, la sensación es maravillosa: sentirás que flotas en la oscuridad, únicamente iluminada por los reflejos de un azul irisdicente creados por el agua. Algunas empresas de alquiler de barcos también ofrecen excursiones al atardecer, que ofrecen un espectáculo todavía más increíble.

3. La riqueza de los fondos marinos

Si te apasiona el snorkel o el submarinismo, o simplemente quieres probar este tipo de actividades, estás en el lugar adecuado: encontrarás un montón de centros de submarinismo.

Con grandes profundidades marinas y unas costas agrestes y recortadas, esta zona es el hábitat ideal para albergar los escenarios submarinos más mágicos: bucearás en medio de mil colores, con gorgonias rojas y amarillas, posidonia y corales de colores, mientras a tu alrededor nadan densos bancos de Anthias de color naranja, peces luna y peces pelágicos. Bucea entre impresionantes paredes de roca submarina, envueltas por haces de luz que entran desde la superficie, cortando el agua como espadas de luz. Alrededor de los faraglioni también puedes optar por el snorkel, y equipado con aletas y gafas, descubrir especies como los meros y las gambas. 

4. Una historia infinita

Empezamos en la prehistoria, para llegar a la época de griegos y romanos. Capri encierra siglos y siglos de historia, de los cuales se conservan múltiples vestigios. El primer admirador de la isla fue el emperador romano Augusto. Hace 2000 años, los nobles de Roma ya se hacían construir sus villas en este lugar, hechizados por su belleza, para lo que hacían llegar barcos cargados de provisiones al pie de los faraglioni y construían depósitos de agua.

Desde entonces, Capri no ha dejado nunca de seducir al visitante, para convertirse desde el siglo pasado en el destino favorito de la jet set internacional.

5. De paseo por el pueblo

Construido colgando de la roca, el histórico pueblo de Capri es una delicia. En el centro del pueblo, encontramos Piazza Umberto I, conocida por todo el mundo simplemente como La Piazzetta. Tómate un café aquí, en el salón al aire libre, admira la vista desde la terraza del mirador y piérdete por su laberinto de calles.

Visita sus preciosas iglesias, la Certosa di San Giacomo, que data de 1371, con sus claustros, y no te pierdas los Giardini di Augusto, una secuencia de terrazas floridas con vistas a los faraglioni por un lado y la bahía de Marina Piccola por el otro. Se trata de un concentrado de vegetación autóctona, que incluye encinas y cipreses, mimosas, macizos de retama, dalias y narcisos.

Pasea tranquilamente entre los limoneros y, si lo deseas, sube al pueblo de Anacapri y más arriba, al Monte Solaro, en funicular, para disfrutar de unas vistas de ensueño desde las alturas.