El monasterio de San Lucas en Guarcino: la ermita benedictina suspendida sobre el río Cosa
A 700 metros de altitud, en el valle Cosa entre los montes Hérnicos, el monasterio de San Lucas se alza en lo alto de un acantilado sobre el torrente. Según la tradición, fue fundado por san Benito hacia el año 528, durante su viaje de Subiaco a Montecassino. Piedra tallada a la vista, ajimeces y tríforas que filtran la luz, nave única: el complejo desprende la sobriedad característica de las construcciones de la Alta Edad Media. En el patio mana el manantial de San Luca, un agua oligomineral purísima que aún hoy se puede beber.
Monjas, saqueos y fábrica de papel
En 1256, las monjas benedictinas de Alatri obtuvieron del obispo Giovanni la concesión del monasterio, que había permanecido vacío. El papa Alejandro IV lo confirmó mediante una bula de enero de 1257. Muchas procedían de familias aristocráticas y sus dotes les garantizaban una vida acomodada incluso en clausura. En 1587 fueron trasladadas al convento de Sant'Angelo, dentro del pueblo. El monasterio de San Lucas se convirtió en almacén y fue posteriormente saqueado durante la Revolución Francesa: se llevaron el busto de san Benito, ostensorios, cálices y 85 libras de plata. En el siglo XIX acabó siendo fábrica de papel y luego quedó en ruinas.
Renacimiento: una casa de oración
En 1960, las Hijas de la Nuestra Señora del Divino Amor adquirieron el complejo y lo restauraron. Desde 1992 está abierto como casa de acogida y retiro espiritual. Quienes buscan silencio encuentran habitaciones sencillas, una cocina modesta, y bosques de abedules y encinas a su alrededor. A pocos kilómetros se encuentra Campocatino con sus pistas de esquí.