La última etapa de la Vía Romea Strata parte de La Storta, a lo largo del antiguo trazado de la vía Cassia, y conduce progresivamente hacia el corazón de la Ciudad Eterna. Se trata de un recorrido cargado de emoción, en el que cada paso te acerca a la meta tan esperada.
Después de los primeros tramos entre zonas residenciales y franjas de campiña romana, se atraviesan zonas verdes que aún ofrecen vistas de la naturaleza, casi como para preparar al peregrino para la entrada en la dimensión urbana. El paisaje cambia gradualmente: el tráfico aumenta, los espacios se vuelven más urbanizados, pero el sentido del camino permanece intacto, sostenido por la conciencia de la llegada inminente.
La entrada a Roma es un momento intenso. Al atravesar barrios históricos y seguir las indicaciones hacia el centro, se percibe toda la estratificación milenaria de la ciudad. La emoción culmina con la llegada a la plaza de San Pedro, donde la majestuosidad de la columnata acoge a los peregrinos según la tradición centenaria. Frente a la basílica de San Pedro, meta simbólica del camino, el cansancio da paso a la gratitud y a la alegría por haber completado un recorrido rico en historia, naturaleza y espiritualidad.
Es una etapa final que combina recogimiento y entusiasmo, y que marca el final del viaje, pero también el comienzo de una nueva mirada sobre el camino recorrido.