La torre de Portella en Monte San Biagio: donde terminaban los Estados Pontificios y comenzaba el Reino de Nápoles
En el kilómetro 112,300 de la Vía Apia, en el territorio de Monte San Biagio, dos torres cilíndricas de ladrillo y travertino se alzan una frente a otra a ambos lados de la carretera. Bajo el arco de medio punto que las une discurría la antigua Regina Viarum, y quien lo cruzaba entraba oficialmente en el Reino de Nápoles. Hasta 1860-70, la torre de Portella marcó la frontera entre dos mundos: por un lado, los Estados Pontificios; por otro, los dominios borbónicos. Aquí se encontraban la aduana, la gendarmería e incluso una caseta para desinfectar las cartas, consideradas en aquella época peligrosos vectores de contagio.
Un paso que presenció la historia
El paso de Portella ya era estratégico en la Antigüedad. En el año 315 a. C., los romanos derrotaron aquí a los samnitas, en una batalla recordada por Tito Livio, quien llamaba a este lugar Lautulae, por sus numerosos manantiales. En el siglo XV, la posición estaba tan bien fortificada que el rey de Nápoles no logró conquistarla. En 1738 se encontraron aquí la joven Amalia de Sajonia, de quince años, y su futuro esposo Carlos III de Nápoles. El 2 de mayo de 1768 le tocó el turno a María Carolina de Austria, que aquí vio por primera vez a Fernando IV de Borbón, quien le regaló un cofre de joyas. El 11 de mayo de 1770, Mozart cruzó este mismo arco camino de Nápoles.
Qué se puede ver hoy
Excavaciones recientes han sacado a la luz una porción del pavimento original de la Vía Apia. La estructura se conserva en pie pero no su interior no se puede visitar.