Una vez dejado Trevignano Romano, el camino se aleja gradualmente de las orillas del lago de Bracciano, ascendiendo entre bosques y claros que aún ofrecen espléndidas vistas del agua a tus espaldas. Los primeros kilómetros están inmersos en la vegetación, por caminos de tierra y senderos tranquilos, con un trazado suavemente montañoso.
Continuando hacia el sur, el paisaje cambia lentamente: se atraviesan zonas agrícolas, pastos y tramos de maquis mediterráneo, adentrándose progresivamente en el área norte de la ciudad metropolitana de Roma. El camino alterna tramos más aislados con secciones cercanas a carreteras secundarias, manteniendo en todo momento un carácter rural y abierto.
La llegada a La Storta, histórica localidad a lo largo de la antigua vía Cassia, marca la proximidad a Roma y devuelve al peregrino la sensación concreta de estar ya a las puertas de la meta. Es una etapa de transición, que acompaña desde el silencio de los paisajes lacustres hasta la dimensión más urbana, pero manteniendo aún amplios espacios de naturaleza y respiro.